El reto de «El cuarto delantero»

Año 1990, Camp Nou, Barcelona – Mallorca. Ezaki Badou, legendario portero marroquí trata de concentrarse bajo palos. En frente de él, a tan sólo once metros, se sitúa uno de los mejores especialistas de la historia en lanzamiento de golpes francos y penas máximas, el neerlandés Ronald Koeman. Coge carrerilla y trata de batir al portero barralet.

No, no me he olvidado de acabar esta historia. Al final cobrará sentido.

El Real Club Deportivo Mallorca es un club que siempre se enfrenta a retos exigentes. Un equipo que ha tenido ciclos positivos, por ejemplo el de finales de los 90 e inicios del nuevo milenio, y negativos, como el que transcurrió entre 2012 y 2017.

Bien saben los aficionados del conjunto balear que el club pasó por algo más que penurias económicas, una guerra civil y un centenario descafeinado. La fractura social era muy difícil de sanar.

Un esperanzador cambio de tendencia

Sin embargo, el final de la maldición maya, el final de la era de los 4 jinetes del Apocalipsis, o simplemente, la sonrisa del caprichoso azar han querido que el conjunto bermellón escriba  una de sus páginas más gloriosas en las últimas dos temporadas.

El Mallorca ha hecho un leap frog (término inglés que significa salto sin necesidad de evolución) regresando desde las catacumbas de la Segunda b a la Primera División en tan sólo 2 temporadas. Créanselo.

Abdón, el curador

Era el domingo 23 de junio de 2019 a las 22:35 aproximadamente cuando Iddrisu Baba (volante tapón) robó el enésimo balón de la noche que llegó a Abdón Prats (un nueve con clase, el cuarto delantero, que se quedaba sin convocar hace 2 meses). El de Artà no dudó en lanzarse al ataque pero mirando de reojo a Lago Junior (extremo de los que hacen diabluras) quien intentaba buscar un desmarque que parecía no llegar. Tras un par de pequeños amagos “La Roca” Abdón soltaba un soberbio latigazo que se colaba de forma inapelable a la izquierda de Dani Giménez, cancerbero del Deportivo de la Coruña.  21.210 almas gritaron al unísono un gol que resonó, probablemente, hasta en el Pla de Mallorca.

Fue el último punto de sutura, de los muchos, que requería el “Mallorqueta” para su cura definitiva y que a la postre le devolvió su plaza donde le corresponde, en Primera.

Radiografía de un cambio

Robert Sarver, Andy Kohlberg y Steve Nash han contribuido, desde su llegada, al saneamiento económico de la entidad. Maheta Molango ha tratado de profesionalizar el club. Javier Recio ha dotado al club de jugadores comprometidos. Vicente Moreno y Dani Pendín le han dado al equipo un estilo de juego. Los jugadores se han comprometido con un proyecto y se han dejado hasta el último aliento. Y la afición ha despertado de su letargo para reidentificarse con el equipo de nuevo. En mi memoria quedará para siempre ese “el Mallorca es un sentimiento” antes de comenzar el partido que me puso la piel de gallina y me aceleró el corazón.

El Mallorca está curado

Si no me acaban de creer les contaré un par de historias.

Un hombre de 39 años se fue esta semana de crucero con su queridísima familia. Sin embargo, su corazón latía sangre bermellona y decidió regresar a Mallorca un día antes, cogiendo un avión, para poder ver al equipo.

Un chico de unos 17 años clamaba en las redes sociales ayuda para conseguir una entrada para su primo de 8 años. Tras varios esfuerzos la consiguió y pudo ver el partido en familia. Me consta que el niño disfrutó de lo lindo.

En mi caso, soy abonado, entré a la web del club dispuesto a comprarle una entrada a un gran amigo mío, gallego, seguidor del Depor, porque no podía permitir que se perdiera un partido que nos hacía ilusión compartir a ambos, fuera cual fuese el resultado.

Se preguntarán, probablemente, por qué narices les cuento todo esto. Es muy sencillo.

El Real Club Deportivo Mallorca es un club histórico, que tiene una gran repercusión social, títulos en sus vitrinas y es casi imposible destruirlo, ni siquiera desde dentro como antaño quisiera aquel. El RCD Mallorca siempre supera los retos que se propone, le lleve más o menos tiempo.

El mallorquinista es un romántico

¿Cómo? ¿No he explicado qué pasó con la pena máxima de Ezaki Badou? Naturalmente, le paró a Koeman el único penalty que nadie le ha parado en su vida y salvó un puntazo en el Camp Nou (1-1). Ese año el equipo se ganó la vitola de matagigantes.

De hecho, el pasado domingo, 29 años después, el portero marroquí vino desde su país natal hasta Mallorca para presenciar el partido. El que se hace mallorquinista es un romántico. Tal vez no haya podido olvidar la sensación de triunfar como rojillo, como seguro que también le sucederá a Abdón Prats, “La roca de Artà”.

Abdón, los aficionados tampoco te olvidaremos.Quién sabe si dentro de 29 años estarás viendo al Mallorca todos los fines de semana y celebrarás sus goles desde la grada, como muchos ex-jugadores. Lo que es seguro es que ya has cumplido tu sueño. Ya formas parte de la historia del equipo con letras de oro. Superaste el reto. Te has pasado el juego.

Muchas gracias.

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