Despedida a Vicente Moreno del RCD Mallorca

Vicente MorenoEl día que culminó el descenso del RCD Mallorca a 2aB, allá por el mes de junio de 2017, tras empatar a dos goles en el campo del Mirandés, sentí un enorme vacío en mi interior.

Desde niño, siempre había visto al equipo de mi corazón en el fútbol profesional. Bajar a la categoría de bronce se antojaba un suplicio inaguantable, algo que no había dibujado ni en la peor de mis pesadillas. Recuerdo que una de las primeras cosas que pensé, nada más acabar aquel fatídico partido en Anduva, fue que el destino me había puesto en bandeja dejar a un lado mi afición por el fútbol y mi desbordada pasión por el Real Mallorca. Era muy tentador por lo menos intentarlo pero hubo dos razones que me lo impidieron. La primera, mi hijo Marc, que por aquel entonces tenía apenas cinco años recién cumplidos. Al día siguiente, nada más despertarse, haciendo gala de una envidiable entereza, me dijo: “Papi, el año que viene seguiremos yendo a Son Moix, ¿no?”.

Debo admitir que me ablandé y, como no podía ser de otra forma, mi respuesta fue un sí tajante. Pero lo que de verdad refrendó mi apuesta por no abandonar mi sentimiento mallorquinista fue la rueda de prensa de presentación del que iba a ser nuestro nuevo entrenador. La primera vez que escuché a Vicente Moreno Peris (de ahora en adelante, Don Vicente) me ganó para siempre. Su discurso apacible, sensato, sin estridencias ni hambre de notoriedad, me hicieron recordar a leyendas pasadas del Club y, lo más importante, llenaron mi mochila de optimismo de cara a la dura travesía que se nos venía encima. Al final, lo que debía ser un suplicio fue la recuperación de la fe.

Gracias a Don Vicente Moreno y su cuerpo técnico, los mallorquinistas dejamos de sentir vergüenza y recuperamos la ilusión por ir a Son Moix cada domingo. Se cumplió el objetivo y regresamos a la categoría que jamás debimos perder. Pero aquel año en 2aB nos regaló un idilio con un técnico y unos futbolistas que ya son leyenda, especialmente por lo que iban a lograr al año siguiente.

La guinda

La temporada 2018/19 quedará grabada a fuego en el corazón del mallorquinismo. Con una mezcla de trabajo, humildad y fe, Don Vicente logró inculcar a sus futbolistas un espíritu ganador y una ambición extraordinarios. El resultado fue que el Mallorca rubricó una Liga sensacional, estando en el vagón delantero de principio a fin. Y la guinda fue el inolvidabe playoff. Dudo mucho que volvamos a vivir algo parecido a lo que ocurrió la noche de San Juan de 2019. Aquella remontada frente al Deportivo fue absolutamente épica, irrepetible. Seguramente habrá más ascensos y gestas destacables, pero la intensidad y la tremenda ilusión con la que se vivió aquella temporada serán difíciles siquiera de igualar.

Por desgracia, el Club no supo aprovechar el regalo del ascenso. Muy pronto quedaron al descubierto las diferencias de criterio entre el entrenador y el entonces hombre fuerte, Maheta Molango. Mientras el primero pedía futbolistas con cierta experiencia en Primera División, el segundo inundó el vestuario de extranjeros que acabarían siendo, en la mayoría de los casos, irrelevantes. Tampoco se supo aprovechar el mercado de invierno para enmendar lo que no se había hecho en verano. En definitiva, a pesar de que el equipo lo intentó hasta el final, no se pudo conseguir el objetivo.

La despedida

Ahora, una vez consumada su salida y su fichaje por el RCD Espanyol, siento una mezcla de dolor y decepción. Dolor por el vacío enorme que provoca su marcha, por no poder volver a escuchar su calma y su sapiencia en sala de prensa, por no poder verlo cada quince días de pie, junto al banquillo local de Son Moix, rumiando una nueva pirueta táctica, por la sensación de que los que vengan tras él no llenarán su vacío. Pero también decepción. Decepción por ver que estuvo negociando con otro Club cuando estábamos en plena lucha por evitar el descenso, por constatar que nos deja por otro equipo de Segunda, por no tener el detalle de salir a dar explicaciones públicamente a la afición que lo ha respetado e idolatrado hasta la saciedad, por permitir una salida por la puerta de atrás, como si fuera un adolescente que escapa de casa a hurtadillas un sábado por la noche. Solo espero que haya pensado sabiamente su decisión. Porque puede que el destino le enseñe que aquí no estaba tan mal, que el dinero no lo es todo, que las promesas se las lleva el viento y que, por muy bien que le vaya en Cornellà, allí no logrará ser eterno. Porque, a pesar de no haber dado la talla en su salida, gracias a su trabajo y al de todo su cuerpo técnico, en Mallorca es y será leyenda. Aunque, para qué engañarnos, con las formas que ha elegido para abandonar la isla, me temo que Vicente Moreno ha dejado de ser Don Vicente…

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