CD Tenerife 2-2 RCD Mallorca: Donde más duele

Foto: LaLiga

El Mallorca ha perdido una oportunidad de oro de despojarse de los fantasmas de visitante dejando escapar una victoria que estaba atada en el Heliodoro tras unos horribles últimos veinte minutos. Y es que los bermellones desaprovecharon hasta dos goles de ventaja con los que afrontaban la recta final frente a un equipo que sumaba más de cuatrocientos minutos sin ver portería, pero el gafe se impuso a la lógica futbolística y el Tenerife fue capaz de igualar y de estar a punto de rebasar a los de Vicente Moreno, con pánico escénico a sacar todo lo que sea más de un punto de cada seis fuera, unas cifras inasumibles en la lucha por la promoción.

Se llegaba a tierras canarias precisamente con el palpito de que si teníamos que ganar lejos de Son Moix, tocaba ahora. Los de Oltra venían en una tremenda crisis y la clasificación hablaba por sí misma, era ahora o nunca. Y, casi sin ni quererlo, Aridai estuvo a punto de empezar a edificar tamaña obra en los primeros compases del encuentro, cuando no sabría rematar con precisión un centro de Estupiñán que le había dejado el tanto en bandeja de plata. A pesar de esto, no podemos decir que fuera más que una simple jugada aislada en un periodo inicial de dominio omnipotente del Tenerife, al que solo le faltó perder la timidez cuando iba dando pasos en firme hacia el arco de Reina.

Tan solo sería Borja Lasso quien lo intentaría con ansias desde el lado chicharrero, pero su posición le obligaba a buscarlo siempre desde demasiado lejos como para inquietar a Reina. Y casi con un poco de suerte, si es que la amargura nos deja entreverla, el Mallorca podría avanzarse ya en el primera cuarto de hora, momento en el que a Lago le llegaría un cuero cerca del área pequeña que retrasaría para Estupiñán, quien, emulando su tanto contra el Nàstic, solo tendría que tirar a romper desde fuera de la zona de castigo para batir a Dani Hernández y desequilibrar el electrónico. La situación se ponía muy de cara, demasiado para quedar aún setenta y cinco minutos. Pero tenía que ser el día de suerte, ¿y por qué no?

Lo cierto es que el tanto del ecuatoriano no sirvió para cambiar absolutamente nada el rumbo del partido, sino que este fue de propiedad absoluta de los canarios, quienes rigieron la primera parte con mano de hierro. Eso sí, con el puntería mirando a La Gomera. Si bien lo intentó Račić de cabeza o Héctor Hernández desde lejos, todo el primer tiempo fue la mejor gesticulación de la impotencia que el Tenerife ha venido demostrando durante todo el curso, que se redoblaría en los minutos finales antes del descanso con la subida de la artillería pesada como Malbašić o Suso Santana, cada vez más afinados y entreviendo mejor el camino hacia la portería que, aunque de momento no servía para agujerearla, sí para descubrir los caminos que conducían a ella.

Mientras que el intermedio no deparó ningún cambio, la salida inmediata de este ya sí que parecía finiquitar el partido, puesto que Budimir se aprovecharía en el cuarenta y siete de un resbalón de Dani Hernández justo delante de la línea de gol para rematar a placer y hacer subir el 0-2 al electrónico del Heliodoro. Ahora sí que parecía que esto ya no podía escaparse de ninguna de las maneras, menos con el desplome que estaban sufriendo los locales, que estaban digiriendo muy mal este segundo tanto y ya no se encontraban con la agilidad futbolística de la que sí hicieron gala durante los primeros tres cuartos de hora. Pero es que tampoco seríamos nosotros si no nos complicásemos la existencia hasta niveles inimaginables.

El Mallorca se convirtió en los cuarenta minutos restantes en una alfombra roja para el cuadro atlántico, que dispuso de ocasiones para regalar para empezar a sentar las bases de la remontada. Y por más complicado que cada vez pareciera, persistieron sin descanso apoyados en Malbašić y Račić. Moreno intentó frenar la revolución con un mero cambio posicional, retirando a un Aridai desafortunado por Leo Suárez, ante su enésima oportunidad de ganarse el once. A pesar de esto, el rumbo del partido no cambió y los chicharreros continuaron envalentonándose. Su estado de ebullición, pero, acabaría en el ecuador de este segundo tiempo, cuando el encuentro se quedaría enrocado en un estado de idas y venidas de faltas en las que estuvo muy activo -peligrosamente- un Pervis amonestado desde el 4′.

Y al final, a menos de veinte para la conclusión, los de Oltra encontrarían el tan preciado objetivo del gol, cuando Alberto Jiménez desviaría con la cabeza el saque de una falta para que le cayera a Uroš Račić en la frontal, quien solo tuvo que rematar a bocajarro ante un Reina descolocado. Una situación que era tranquila se había convertido en una profunda alarma de golpe, con el Tenerife mucho más cerca de lo que se desearía y encima con todas las armas arriba. Pero Moreno parecía convencido de su plan, puesto que el tanto no alteró su plan y justo después entró Baba por Pedraza. No cambió absolutamente nada esta sustitución y el Tenerife siguió creciéndose aún más a medida que pasaban los minutos, conocedores que lo suyo era una lucha contrarreloj.

A pesar de esto, al técnico bermellón no le pareció preocupar demasiado el estado del partido, tampoco el hecho de que todo el mundo ya viera a Estupiñán de camino a los vestuarios. Esto es así debido a un más que extraño último cambio, en el que daba minutos a Stojiljković en detrimento de Salva Sevilla. Esto era en el 84′ y en el 85′ Ocón Arráiz enseñaría la segunda amarilla a Estupiñán. Caldo de cultivo para el caos. Y quien ese presentimiento tuviera tampoco iba muy desencaminado de la realidad, puesto que con el tiempo reglamentario ya cumplido, vendría la catástrofe final, cuando en el noventa y dos Tyronne, a pase de Isma López, remataría con precisión milimétrica para marcar pegado al palo. Cerca de la orilla, como en Cádiz, el Mallorca volvía a tirar los puntos por la borda, dejando escapar una gran oportunidad de dormir en play-off y a la expectativa de ver a cuánto queda para el lunes.

La actuación del Mallorca como visitante ya escapa de cualquier explicación lógica. Además de que su posición en una tabla liguera en la que solo contaran los desplazamientos no refleja ni de cerca su posición global, es indecente la cantidad de puntos que va dejando. Si solo contara el primer gol, los bermellones ya se habrían llevado 18 puntos lejos de casa. Por contra, la cifra es de tan solo doce, más de un tercio de los puntos que teníamos, regalados. Por contra, el Mallorca aún no ha remontado y tan solo ha sido capaz de empatar a Lugo y Oviedo tras perder. Ante esto, el mejor sueño que queda es que ahora vienen dos partidos consecutivos en Son Moix, primero será el Elche quien vendrá el próximo domingo -al mediodía, como mandan los cánones- y luego tocará recibir al Oviedo en lo que puede ser una gran final por seguir vivos en la lucha por el play-off según vayan dándose los resultados.

Ficha técnica

C.D. Tenerife: Dano Hernández; Luis Pérez, Jorge Sáenz, Alberto Jiménez, Héctor Hernández (Tyronne, 85′); Suso Santana, Luis Milla, Uroš Račić, Borja Lasso (Isma López, 72′); Coniglio (Nano, 63′), Malbašić.

R.C.D. Mallorca: Reina; Sastre, Valjent, Raillo, Estupiñán; Dani Rodríguez, Pedraza (Baba, 73′), Salva Sevilla (Stojiljković, 85′); Aridai (Leo Suárez, 59′), Budimir, Lago Junior.

Árbitro: Daniel Ocón Arráiz (Comité de La Rioja) amonestó a los locales Jorge Sáenz, Nano, Héctor y Račić y al visitante Sastre. Estupiñán fue expulsado por doble amarilla.

Goles: (0-1): Pervis Estupiñán, 15′; (0-2): Ante Budimir, 48′; (1-2): Uroš Račić, 72′; (2-2): Tyronne, 90′.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo séptima jornada del Campeonato de Liga de Segunda División, disputado en el Heliodoro Rodríguez López ante aproximadamente 8.000 espectadores, algunos de los cuales no entraron hasta el minuto diez en protesta contra los horarios de la LFP. Una mujer de setenta y tres años falleció en el transcurso del encuentro cuando estaba siendo trasladada en hospital desde el estadio tras haberse sentido indispuesta. El colegiado hizo constar en acta el lanzamiento de una botella con tapón al terreno de juego desde el público y se guardó un minuto de silencio en memoria de Ángel Galán, jugador del Tenerife entre 1958 y 1960.

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