Cuando volvamos a Son Moix

Gradas del estadio de Son Moix

Sábado 7 de marzo, Estadio de Ipurúa, 14:50 horas.

Algunos valientes mallorquinistas desplazados al campo de la SD Eibar celebran la primera victoria de la temporada lejos de Son Moix. Otros, la mayoría, hacen lo propio desde la isla tras seguir el partido por televisión. El Mallorca, al fin, estrena su casillero de victorias a domicilio.

Es una gran alegría que llega en un momento clave de la temporada, justo antes de medirse al Fútbol Club Barcelona en Palma. El choque está fijado para el sábado 14 de marzo a las 18:30, 7 días más tarde.

Todo cambia cuando menos te lo esperas.

Las noticias deportivas poco a poco pierden relevancia. Es un hecho que sucede desde hace algún tiempo. Gana protagonismo otro asunto mucho menos banal.

Semanas antes, en los informativos, había visto con asombro como en China tenían un verdadero problema, un virus que, parecía ser mataba a gente en el país más poblado del mundo – qué suerte que nos pille tan lejos – pensé. Unos días más tarde, casi sin darnos cuenta, llegó a Italia. Se hablaba sobre la conveniencia de que ciertos partidos de competiciones europeas de equipos españoles ante equipos italianos se jugasen a puerta cerrada.

Es lunes, 10 de marzo. Después de una dura mañana de trabajo llego al bar de siempre, es la hora de comer.

En los bares, las habituales e intrascendentes tertulias, han dejado de existir sin que nos percatemos de cuánto las vamos a echar de menos. Ahora todos hablan del bicho, que acapara toda la rumorología y se extiende como la pólvora.

Saludo a Mingo y a Marga, dos personas de la casa. Siempre están de buen humor. Les pido unas pechugas de pollo con patatas. Están en la barra conversando con unos cuantos «parroquianos». Uno de ellos les está contando algo:

Diuen que és com una grip. No passa res, això passarà com amb s’èbola, ho va dir en Lorenzo Milà a ses notícies i a aquest home jo me’l crec. I després hi ha s’altre, aquest portaveu de Sanitat que va dir que no ens havíem de preocupar a Espanya, que hi haurà casos comptats.

Ido, per què hi ha tant de rebomborum a ses notícies? No aturen de dir que si hi ha morts aqui i allà, i que a Itàlia sa cosa s’està posant seriosa.

En ese momento todos somos ajenos a lo que se nos viene encima. También existe preocupación sobre si los siguientes partidos se jugarán a puerta cerrada. El Mallorca – Barça, parece, que se va a jugar, pero la decisión definitiva no está tomada. O eso me dice Mingo mientras, amablemente, me sirve la comida.

Tot això passa just ara que s’equip s’havia llançat a fora de casa. Pareix que de moment es jugarà. És es moment d’enfrontar-se al Barça, ara estam a una bona ratxa.

El resto de la historia, desgraciadamente, la conocéis todos.

Confinamiento, teletrabajo, trabajo esencial, ERTE, casos activos, casos en UCI, curva de contagio, estado de alarma, fallecidos por, fallecidos con… Pandemia.

Cuántos nuevos conceptos que desearíamos no haber aprendido.  Cuántas experiencias estamos viviendo que desearíamos no haber vivido.

Sufrimos, pero sufrimos juntos. Luces y sombras.

Es complicado estar en casa por obligación. Es agobiante ver las noticias que son prácticamente monotemáticas. Es duro teletrabajar. Es difícil decirles a tus hijos que no se puede salir de casa. Es durísimo seguir trabajando como antes sabiendo lo que sucede. Es extenuante, a la vez que desolador, ser de esos que han enfrentado una guerra cual soldado en un hospital por la vida de otros.  Es desesperante no oír sonar el teléfono para recibir noticias sobre el estado de una persona querida que está enferma. Es terrorífico ser de esos que luchan por su vida en un hospital.

El ser humano, durante este tiempo de confinamiento, desgraciadamente, no ha dejado de diferenciarse a sí mismo según su condición social. Ha priorizado su propio beneficio obviando el de otros de su misma especie. Hecho que sucede, sobretodo, en sus más altas esferas donde es más importante lanzarse cuchillos que sumar, consensuar y actuar.

Sin embargo, también es esperanzador y emocionante asistir a diario a «espectáculos» en las redes sociales y vecindarios. Ejemplos hay muchos. Desde un concierto improvisado, pasando por una desastrosa receta de cocina, a contar una anécdota vivida de forma divertida, sorprender a un vecino  el día de su cumpleaños o a la elaboración de un simple meme. Cada uno ha aportado lo que tiene a los demás. Hemos tratado de entretenernos y ayudarnos los unos a los otros.

Aunque el egoísmo general permanece en el pensamiento político, paralelamente, han regresado valores que se habían difuminado como la solidaridad (ya sé que no de todos, pero sí de la abrumadora mayoría). Ahora es el momento de la integridad y de la responsabilidad, solo tenemos que quedarnos en casa. El ser humano se está uniendo para sobrevivir.

Y, paradójicamente, mientras pasamos nuestra particular odisea el planeta y sus otros habitantes respiran. Respiran aire puro. Recuperan el hábitat que les había sido egoístamente arrebatado. La Tierra, en parte, se regenera. Los animales se asoman incrédulos a la ciudad. El gran devastador ha desaparecido.

Hemos recibido una importante lección de humildad. No somos necesarios, es más, en ocasiones somos nocivos. Este es un pensamiento recurrente que tengo. Me crea muchas inquietudes.

¿Aprenderemos de esto?

¿Valoraremos esas cosas pequeñas de la vida a las que no prestábamos atención? ¿Valoraremos el trato con el resto de seres humanos? ¿Valoraremos la unión familiar? ¿Valoraremos la libertad?¿Valoraremos la Tierra y su naturaleza? ¿Valoraremos la verdad?

Muchos interrogantes. Una compañera que empieza a ser común en nuestras vidas, la incertidumbre.

No obstante si que hay una serie de aspectos que serán certeza en un futuro. El virus será vencido. Algún día, no tan lejano, se encontrará una vacuna y sufriremos la enésima crisis económica, que además será de proporciones bíblicas.

Sufriremos, pero no desistiremos. Lucharemos, pero mantendremos la esperanza. Ello significará que estaremos volviendo a la vida.

Recordaremos con cariño y respeto a los que ya no están. Volveremos a disfrutar de un simple paseo por la calle. De una visita al parque con los críos. De saludar a esos vecinos cómplices con los que cantamos «Resistiré», con los que aplaudimos a los sanitarios o con los que hicimos deporte a través de las ventanas. Con los que nos ayudaron desinteresadamente cuando estábamos en un momento bajo. Volveremos al trabajo habitual, a los bares, a los cines, a la playa, a la montaña, a los teatros y a los estadios de fútbol y quién sabe a cuántas cosas más.

Los inconvenientes del día a día, durante un tiempo, nos parecerán maravillosos. Cumpliremos esos deseos que tenemos ahora.

Personalmente tengo muchos planes y deseos por cumplir. Imagino que como todos y cada uno de vosotros.

Yo deseo volver al campo del Mallorca. Cuando volvamos a Son Moix me gustaría que fuera a lo grande. Con un estadio lleno y teñido de rojo. Y que todos cantásemos los goles de nuestro equipo como si todo esto no hubiera pasado. Con la reconfortante sensación de saber que pase lo que pase sobre el verde ya habremos vencido.

Naturalmente no todos sois mallorquinistas, o futboleros, pero, seguramente todos tenéis vuestros sueños e ilusiones. Es el momento de luchar por ellos.  Os invito a que escribáis aquí qué haréis cuando todo esto pase. Será una forma de recordarlo para todos. ¿Cuál es vuestro deseo?

Luchad por vuestro «Son Moix».

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