¿Sabías que hubo un entrenador que tuvo en el ostracismo a dos iconos del mallorquinismo?

Olaizola y Stankovic

Si a cualquier mallorquinista le preguntaran que elaborara una lista con los futbolistas más destacados que han vestido la elástica bermellona, estoy convencido que la inmensa totalidad incluiría en esa lista a Javier Olaizola y a Jovan Stankovic, dos de los iconos más apreciados por la afición barralet. El primero, gran capitán (junto a Chichi Soler) de la época dorada del Club. El segundo, posiblemente la zurda más exquisita que ha vestido de rojo y negro, autor de incontables asistencias y goles de bella factura, muchos de ellos en encuentros capitales de recuerdo imborrable, como el último que se marcó en partido oficial en el vetusto Lluís Sitjar, el 13 de junio de 1999, frente al Celta de Vigo.

Lo que quizá muchos no recuerden es que estos dos grandes futbolistas sufrieron, cuando el Club militaba en Segunda División, una cierta marginación por parte del entonces entrenador, el peculiar Víctor Muñoz Manrique. En la temporada y media que el técnico aragonés estuvo sentado en el banquillo mallorquinista, tanto Olaizola como Stankovic se vieron permanentemente cuestionados y muchas veces (demasiadas) fuera del once titular.

Por lo que respecta a Javier Olaizola, siempre tuvo que ir a remolque para buscar acomodo entre los titulares pero, a pesar de ser un estilo de futbolista muy alejado del ideario que buscaba Víctor Muñoz, éste no tenía más remedio que ceder ante el impecable compromiso que el Vasco siempre exhibía sobre el terreno de juego. Sin embargo, desde que el técnico aragonés aterrizó en la isla, a finales de enero de 1996, el papel del defensa donostiarra, que había sido titular indiscutible tanto con Irulegui como con José Manuel Esnal “Mané”, sufrió una notoria transformación. De hecho, únicamente fue titular en 10 de los 19 partidos en los que Víctor Muñoz dirigió al equipo, contando aquella fatídica promoción frente al Rayo decidida en Vallecas por un gol de Onésimo después de que el Mallorca desperdiciara oportunidades claras que le hubieran permitido adelantar un año su regreso a la élite. Tras ese intento fallido de ascender a la máxima categoría, la temporada 1996/97 el equipo mallorquinista tuvo que volver a jugar en Segunda División. Con Víctor a los mandos desde el principio, parecía que Olaizola sería carne de banquillo merced a los fichajes de tipos como Lluís Carreras, Barbero o José Manuel Colmenero, todos ellos aterrizados en la isla por expresa petición del técnico, que parecía decidido a culminar el ostracismo del Vasco. De hecho, en los primeros 13 partidos de Liga, únicamente jugó en 2 de ellos. Sin embargo, gracias a su polivalencia y a su enorme capacidad de sacrificio, acabaría abriéndose paso y jugando 27 partidos como titular aquella temporada.

En cuanto al balcánico Jovan Stankovic, su peso específico en el equipo base de Víctor Muñoz trazó una línea claramente descendente. Así, mientras en la primera media temporada del aragonés en el banquillo, Stanko fue titular indiscutible, en la segunda su papel quedó claramente relegado a un segundo plano, por razones que todavía hoy siguen siendo un absoluto misterio. De hecho, en esa temporada 1996/97, de las 32 jornadas que transcurrieron hasta que el doctor Beltrán (en una decisión tan arriesgada como a la postre necesaria) decidió relevar a Víctor como máximo responsable técnico, Stankovic jugó tan solo 19 partidos y, lo más sangrante, solo 6 de ellos completos. Los mallorquinistas que seguían al equipo en aquella época aún recordarán con estupor cómo el técnico prescindía del talento descomunal de Jovan para colocar en el once a un completo desconocido, el ghanés Emmanuel Duah, que no exhibió ni una sola virtud que justificara tan controvertida decisión. El clamor en la grada iba en aumento y no fueron pocas las ocasiones en que la grada del Lluís Sitjar acogía con música de viento cada sustitución o suplencia del extremo balcánico.

En definitiva, aunque a día de hoy parezca increíble, lo cierto es que Olaizola y Stankovic, dos de los iconos más significativos de la época dorada del Club, que formaron el once titular en algunos de los partidos más relevantes de la centenaria historia del RCD Mallorca (la Final de Copa del Rey en 1998 y la Final de la Recopa de Europa en 1999, además de un sinfín de partidos de Primera División y de competición europea) vieron cómo un entrenador prescindía a menudo de su concurso en Segunda División. Lo dicho, algo inaudito. Una curiosidad que creíamos merecía ocupar un espacio en esta humilde sección.

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