¿Sabías que el RCD Mallorca tuvo 3 porteros argentinos internacionales la misma temporada?

Germán Burgos, Carlos Roa y Leo FrancoHoy vamos a programar la máquina del tiempo para que nos transporte al 10 de septiembre del año 2000. Ese día, coincidiendo con el inicio de Liga, reaparecía Carlos Ángel Roa como guardameta del Real Mallorca, después de haberse pasado toda una temporada de retiro espiritual.La decisión del «Lechuga» de abandonar la práctica del fútbol un año atrás supuso una gran desilusión no solo para la afición mallorquinista, que perdía a su gran referente (ídolo de la final de Copa de Mestalla en 1998, ganador del Trofeo Zamora en 1999), sino también para el fútbol argentino, que vio con sorpresa cómo el portero titular de la Selección albiceleste decidía cambiar la fama y los millones de su cuenta corriente por una vida austera en el campo propiciada por sus profundas creencias religiosas.

Unos meses antes de que la temporada 2000/01 alzara el telón, Roa anunciaba ante los medios de comunicación que había decidido quebrar su promesa y regresar a los terrenos de juego. No fueron pocas las especulaciones en torno a su decisión (muchos hablaban de que había sido engañado por alguna secta y que su regreso estaba teñido de necesidad económica pura y dura) pero, fuera como fuere, lo cierto es que el mallorquinismo se frotaba las manos pensando que podría volver a disfrutar de las paradas y la seguridad defensiva que transmitía el «Lechuga» bajo palos.

El reencuentro tuvo un sabor agridulce. Es cierto que Roa volvió a brillar con algunas intervenciones de mérito pero no pudo evitar el empate del Mallorca frente al Real Valladolid (1-1), en un partido que se puso muy de cara (gol del Caño Ibagaza a los dos minutos) pero que empezó a torcerse con un penalti fallado por Leo Biagini al filo del cuarto de hora. Todos pensábamos que habría sido solo un accidente pero, por desgracia, los partidos siguientes no hicieron otra cosa que desnudar la fragilidad defensiva del Mallorca, a la que contribuyó una desconocida inseguridad del «Lechuga».

La citada combinación se tradujo en tres derrotas consecutivas (4-0 en Mestalla contra el Valencia, 0-1 en Son Moix frente al Málaga y 2-1 en San Mamés contra el Athletic) que empujaron a Luis Aragonés (entonces inquilino del banquillo mallorquinista) a buscar alternativas en el once. Una de ellas fue el relevo en la portería. De esta forma, en la quinta jornada, un bisoño Leo Franco, que ya había debutado la temporada anterior de la mano de Fernando Vázquez, fue alineado como portero titular. La suerte se alió con él porque, coincidiendo con su ingreso en el once y, sobre todo, con el regreso de Samuel Eto’o y Albert Luque después de haber disputado los JJOO de Sidney, el Mallorca no solo recuperó el aliento sino que firmó una racha sobresaliente (19 puntos en 8 partidos) que lo catapultó a la zona noble de la clasificación, en la que se mantendría durante el resto del campeonato.

Las casualidades e incidencias en la portería fueron una constante a lo largo de la mencionada temporada 2000/01. Cuando Leo Franco parecía asentado como guardameta titular, especialmente debido a los problemas físicos de Carlos Roa, que lo apartaron durante muchas semanas de las convocatorias, una inoportuna rotura fibrilar le iba a impedir jugar hasta el final de Liga. Así, en la jornada 32 (el 29 de abril de 2001), en el partido que debía enfrentar a Mallorca y Zaragoza en Son Moix, el Sabio de Hortaleza tuvo que recurrir al tercer portero, que no era otro que Germán Adrián Burgos, genio y figura, tan díscolo como irregular bajo palos. «El Mono», que había llegado el año anterior procedente de River Plate, precisamente como recambio de Carlos Roa tras haber anunciado éste su retirada del fútbol en activo, pasó tristemente a la historia por su terrible agresión a Manuel Serrano, delantero del Espanyol, que le costó una durísima sanción de 12 partidos de suspensión. Aquel triste episodio, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, provocó su desaparición del once en detrimento de Leo Franco.

Pues bien, en este momento le llegaba la oportunidad de redimirse ante la afición mallorquinista, que apenas lo había podido ver sobre el césped desde su aterrizaje en la isla. Sin embargo, en la jornada siguiente, en un partido disputado en El Sadar frente a Osasuna, el infortunio volvió a cebarse con el ocupante de la portería bermellona. Germán Burgos tuvo que abandonar el terreno de juego por unas molestias cediendo su sitio a un joven canterano, Miki Garro, que empezó la temporada como cuarto portero y acabó siendo el guardameta titular en las siete últimas jornadas de aquella Liga.

Aquel Mallorca no solo pasaría a la historia por el fantástico tercer puesto conquistado por aquella extraordinaria plantilla sino también por hacer necesario el concurso de cuatro cancerberos a lo largo de la temporada, con la particularidad que tres de ellos (Roa, Leo Franco y Burgos) fueron en algún momento de sus carreras internacionales absolutos con su país, algo inédito en la historia del Mallorca y puede que también en cualquier otro club europeo, especialmente si hablamos de una Selección de primerísimo nivel como la argentina. Sin duda, un caso que merece ser destacado como hemos intentado hacer desde esta humilde tribuna.

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