¿Otra vez, Aridai?

Los grandes jugadores deciden partidos. Salvo casos puntuales, los duelos importantes se resuelven por genialidades o individualidades de aquellos que han sido tocados por la varita mágica del fútbol.

Pero no todo es fantasía en la élite del balompié. A veces, estos genios no tienen el día. Pierden un balón que supone un gol en contra, despejan a los pies del delantero o, simplemente, no toman el camino correcto en el medio segundo que tienes para pensar de cara a la portería.

Contra el Oviedo fallaste un mano a mano clarísimo en el minuto noventa-y-tantos que nos hubiera dado tres puntos excelsos. Hubiera sido el 1-2. Contra el Zaragoza, paradójicamente con el 1-2, erraste otro mano a mano que hubiera significado la tumba para los maños. Y claro que nos fuimos enfadados. Pero no contigo, Aridai, sino con la sensación que te deja el haber dejado escapar dos puntos, cuatro o los que sean.

Me puso la piel de gallina verte jodido en el Tartiere, teniendo que ir Raillo a levantarte, por haber fallado la ocasión. Pero también me cabreó que te marchases de La Romareda sin despedirte de la afición que había acudido al estadio por el enfado interno que debías pasear tras la ya comentada ocasión. Como hoy me frustra que te lleves la mano a la oreja tras tu gol.

El buen aficionado no tiene la culpa. El buen aficionado te aplaude hasta romperse las manos por pegarte un sprint de 60 metros en el minuto 94 tras dejarte el alma en el partido, acabe la jugada en gol o en chute que acabe en saque de banda. El buen aficionado te acompaña en la conducción y se lamenta, al igual que tú, si el balón no acaba en gol. El buen aficionado sabía perfectamente que si no entró aquellos días, lo iba a hacer otros: y hoy llegó.

Y te aseguro que no recuerdo haber celebrado ningún gol tanto como el tuyo de hoy en los últimas semanas de Liga. Mucho más cuando Vicente Moreno dice tras el partido que tu lesión es fruto del estrés por lo que has sufrido.

Yo no lo veo un premio. Lo veo el resultado natural de la entrega que le pones a cada balón. Y eso, Aridai, es lo que hace que el aficionado, al igual que tú, saque el último hilo de voz para acompañarte en cualquier jugada. Nosotros también podamos quedarnos afónicos. Y no, no será un fallo, será el resultado natural de la entrega que ponemos para apoyarte. En el siguiente partido, ese grito será el que te impulse a llegar a balones como el de hoy, que significan 3 puntos como una catedral. Sí, señores, otra vez Aridai.

Eres el jugador que todo equipo querría tener. Recupérate pronto, Aridai, te necesitamos.

PD: En ese abrazo del míster estamos todos.

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