Volver

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos. Van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron, con sus pálidos reflejos, hondas horas de dolor.

El día amanecía apagado. El gris color del cielo auguraba un día triste y las maletas en la puerta señalaban que era hora de marchar. Tomó la puerta de salida y se fue sin hacer mucho ruido. Estaba abandonando la que toda su vida había sido su casa y no distinguía si lo que golpeaba su cara eran lágrimas o las gotas que la tormenta había empezado a descargar. Se giró para despedirse por última vez y se encontró diciendo ‘’Volveré pronto’’ de forma inconsciente.

Un 7 de junio de 2015, con la Liga ya resuelta, el "Nanu" Soler colocaba en el centro del campo a un joven de 19 años que desde los 11 no había lucido otra zamarra que no fuera la bermellona. Con el 41 a la espalda, Damià Sabater disputó 78 minutos en Anduva dejando las primeras muestras de calidad.

Tras cientos de partidos en las categorías inferiores, compartiendo vestuario con jugadores como Marco Asensio, con quien se entendía a las mil maravillas, Damià se enfundaba la camiseta del primer equipo con una etiqueta que pesa mucho y otorga poco: la de "canterano".

El "Nanu" le abriría una puerta que, tras toda la retahíla de entrenadores que se sentaron en el banquillo, le llevaría finalmente a asentarse en el once titular con Fernando Vázquez. Los partidos pasaban y el jugador iba creciendo poco a poco, pero sin llegar a calar en la exigente afición mallorquinista.

Con la llegada de los Juanes, su progresión se vería tapada, empezando a ocupar un lugar poco importante en la plantilla. La temporada avanzaba, los resultados no mejoraban y su presencia en el campo empezaba a ser cada vez menor, viendo al equipo desde la grada en varias ocasiones.

Al salir Fernando Vázquez, Olaizola, quien ya tuvo al mallorquín en el filial, opta por introducir a Vallejo en la dinámica del centro del campo, dejando a Damià casi descartado. Era el momento de buscar una salida. Era el momento de crecer fuera de casa.

Todavía es pronto para hacer comparaciones, pero hay alguien como Damià que también tuvo que salir de la isla para crecer. Alguien a quien el destino le tenía preparado otra isla como segunda parada de su carrera. Alguien a quien el futuro le brindaría títulos nacionales e internacionales. Alguien que caló hondo en la temporada de su vuelta con el 19 a la espalda. Si sabes de quién estamos hablando, debe ser porque, efectivamente, a Pep Lluís Martí le vino mejor que a nadie salir de Mallorca, para volver, años después, por la puerta grande.

Volver con la frente marchita. Las nieves del tiempo, platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…

20 años no es nada y quien sabe, si cuando cumpla los 21 el 3 de febrero, el inicio de su retorno se empiece a forjar. Mucha suerte en tu nueva andadura, Damià.

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