Mi amigo Coco es un bético de manual: apasionado por su “Beti”, con un humor fino y socarrón a prueba de bombas y de descensos y una sentencia futbolera para cada ocasión que se tercie. Dotado de una cabeza grande y bien amueblada, lo que explica el mote cariñoso por el que le conocemos sus numerosos amigos, y dueño de un corazón todavía más grande.

Coco y yo fuimos compañeros en la “mili”, que él cumplió a un paso de su novia y del equipo de sus amores y yo a 200.000 mil leguas -con mar por medio- de una y de otro. Nuestra amistad se fue forjando en frases cruzadas los domingos por la noche de vuelta al cuartel, él desde su casa de Heliópolis a dos pasos contados del Benito Villamarín y yo de un piso de fin de semana compartido con una decena de compañeros más en el castizo barrio de Santa Cruz. “Quillo, ¿ka pasao con tu Mallorca?” me preguntaba indefectiblemente. Mi respuesta variaba en función de la catástrofe que hubiera afligido a “mi Mallorca” ese domingo y abarcó ese año concreto una gama amplia de desgracias: desde la caída del muro del Luís Sitjar, que provocó heridas en varios aficionados tras un gol del Pichichi de este año, “El Polilla” Da Silva, al descenso consumado a final del curso liguero. Y alguna alegría: los dos únicos partidos que presencié en directo al Mallorca aquel año fueron un 0-0 en el campo del Sevilla  y un 3-0 al Osasuna al domingo siguiente estando de permiso. Teniendo en cuenta que en este año nefasto el Mallorca ganó 3 partidos de los 34 de la competición debo ser el aficionado con mejor promedio de aquel año. Ese año la Liga la ganó el Athletic de Bilbao y Coco no tuvo motivo de queja: su “Beti” quedó 5º.

Lo que Coco y yo estábamos lejos de sospechar en aquel lejano verano de nuestras vidas es que la que la historia de “su Beti” y de “mi Mallorca” iban a tener en poco tiempo un común denominador: Lorenzo Serra Ferrer. Pocos años más tarde el Mallorca comandado por Serra subiría a Primera en una de las mayores alegrías del mallorquinista de aquellos años -el ascenso en Logroño en uno de los partidos más dramáticos que he vivido- y jugaría su Primera final de la Copa del Rey, con cacicada federativa incluida. El otro contendiente era el Atlético de Madrid y el partido se jugó en ¿La Coruña?. No, aunque parezca increíble se jugó en Madrid.

En 1994 Serra subió al Betis a Primera, lo clasificó 3º a la temporada siguiente y finalmente en el 2005 lo llevó a ganar la Copa del Rey. Coco y yo seguíamos llamándonos de vez en cuando, casi siempre con motivo de algún hecho relevante de nuestros equipos, que ya eran para el otro su segundo equipo. Aprendí a querer al Betis viendo a la mítica “abuela del Betis”, riéndome con las ocurrencias de su presidente Lopera – aquellos años de bonanza con Serra y Lopera, que tuvieron sus más y sus menos, el beticismo acuñó la célebre frase “aquí lo que diga Don Manué” – y disfrutando de las anécdotas fantásticas que me relataba Coco, como aquella del aficionado que prometió a su padre que cuando falleciese lo seguiría llevando a ver al Betis y cada año pagaba dos abonos y sentaba en la localidad contigua un brik que contenía las cenizas de su difunto progenitor. A su vez Coco aprendió a querer al Mallorca y a enorgullecerse legítimamente de él, incluso cuando luchando ambos equipos por salvarse del descenso, fue el Mallorca el que lo consiguió. Aunque nos llevaramos “con malas artes” al “killer de la Algaba”, Diego Tristán.

Han pasado los años. Muchos. Coco tiene hasta un hijo “palangana”, que es lo peor que puede pasarle a un bético. Sería el equivalente para un “balearico” de tener un hijo mallorquinista y viceversa. Como Coco sostiene la teoría que los amigos son los que comparten contigo cara a cara un fino y un plato de pescaíto frito y no los que te piden amistad en el feisbuk y luego no te felicitan ni tu cumpleaños, nuestra comunicación se reduce a una llamada a final de año para desearnos lo mejor para el entrante. Cuando nos hemos puesto al día de nuestras respectivas familias – lo único más sagrado para los dos que nuestros respectivos equipos- él me hace la pregunta del millón: “Quillo, ka pasao con tu Mallorca?". Yo le contesto – ambos tenemos una cierta vena poética- que mi Mallorca, al igual que su Betis, es una flor sumamente delicada que hoy por hoy se ve obligada a crecer en el estercolero de las ambiciones personales de sus respectivas directivas.

Él me contesta que qué le voy a contar, que el Betis está dirigido por auténticos “malajes”. “En el Betis nadie entra para poner dinero, aquí vienen a llevárselo” es una de sus frases recurrentes junto con el “Betis tiene patrimonio material, pero nuestro auténtico patrimonio es espiritual: béticos hasta la muerte”. El verano pasado poco después de consumarse el descenso del Mallorca, Coco me llamó para animarme: “Quillo, qué mala zuerte” y cuando le comentaba el desastre que ha supuesto para el equipo una directiva cainita y malasombra es cuando me sorprendió Coco: “Te vi a desir una cosa, filózofo (mi mote de la mili): Tú sabes lo que haría más felices a los béticos, – aparte de ver encarcelado a Del Nido, presidente del Sevilla, (cosa que ha acabado pasando, dicho sea de paso), te lo vi a desí: Que Serra Ferrer volviera al Betis. De Presidente, de entrenador o de “gorrilla” en el parking, de lo que él quisiera . Ese hombre pa nosotros es un mito.”  Y uno se queda pensando que en este mundillo surrealista y mágico, mafioso y bellamente disparatado que es el fútbol, la desgracia de unos pude ser la fortuna de otros. Pero también que el Mallorca es un equipo demasiado grande para unos presidentes y accionistas tan pequeños como le han caído en suerte estos últimos años.

Este artículo está dedicado a Francisco, mi padre (QEPD), andaluz de nacimiento y mallorquín de corazón, que llevándome de niño al Luís Sitjar, prendió en mí una pasión por el Mallorca que se multiplica en la adversidad y la distancia.

Comentarios

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  1. Xisco Ramonell dice:

    Gracias por compartilo.

  2. Xisco Ramis dice:

    Me encanta que me recuerden episodios pasados de mi querido club.

    Muy curioso lo que dices de Serra, que aquí le repudiemos y que en el Betis sea considerado un ídolo.
    Lo que está claro es que ha sido sobrepasado por las circunstancias, y mucha parte de culpa la ha tenido él por querer abarcar demasiadas facetas y cometer errores en funciones donde no tenía ninguna experiencia.

  3. Pep dice:

    Muy interesante de verdad. Como dices realmente curioso que a quien unos odian los otros le desean.

  4. moriarty dice:

    Yo no he visto una pasión por el futbol como la que vi en Sevilla.Es una locura. La gente lo vive como un sentimiento profundo y la rivalidad de palanganas y béticos, lo multiplica por 10. Le añades la capacidad que tienen unos y otros para sacarle punta a todo. Es tan inverosímil y surrealista que si no lo vives es difícil de creer.

  5. moriarty dice:

    Por Sevilla circuló hace unos años una estampa que en el anverso llevaba una foto del presidente Lopera y en el reverso una “Oración al Beato Ruiz de Lopera”, como si fuera un santo. Y yo no sé si hay algo en YouTube, pero de la “Abuela del Betis” “el Día después” del Canal Plus estuvo sacando reportajes años. Y el ambiente en el Villamarín y el Pizjuán. Sólo he visto algo un poco más espectacular en Inglaterra.

  6. moriarty dice:

    Y si, Serra es un mito en el Villamarín. Y Sevilla tiene una magia especial. Engancha. Y más a un mallorquín, que somos un poco como la antítesis, tan solemnes y tan nuestros. Como se ha podido equivocar tanto en el Mallorca es la pregunta del millón.

  7. moriarty dice:

    Gracias a vosotros, Xisco Ramonell, Xisco Ramis y Pep por apreciarlo.

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