Foto: RCD Mallorca

Ficha técnica

R.C.D. Mallorca: Reina; Sastre, Xisco Campos, Raillo, Bonilla; Aridai (Cano, 70'), Pedraza, Salva Sevilla, Lago Junior; Àlex López (Dani Ndi, 84'), Abdon (Álvaro Bustos, 57').

C.D. Mirandés: Limones; Paris Adot, David Prieto, Melli, Kijera; Undabarrena, Rúper (Pito Camacho, 65'), Llorente (Peláez, 57'); Borja Sánchez, Yanis (Igor Martínez, 73), Diego Cervero.

Árbitro: Alexandre Alemán Pérez (Comité de Gran Canaria) amonestó al visitante Rúper.

Goles: (1-0): Lago Junior, 2'; (2-0): Antonio Raíllo, 24'; (3-0): Aridai Cabrera, 63'; (3-1): Pito Camacho, 74'.

Incidencias: Partido correspondiente a la ida de la ronda de campeones del play-off de ascenso a Segunda División disputado en Son Moix ante 13.780 espectadores. Antes del encuentro, varios centenares de seguidores del equipo bermellón se dieron cita para recibir al bus que transportaba a los jugadores al estadio y hubo habilitada por la Federación y la LFP una zona para la afición con juegos, música, un mural para dejar mensajes y una zona para fotografiarse con el trofeo de campeón de Liga de Segunda División.

 

Resumen

El Mallorca ha dado un paso clave de cara a conseguir el preciado ascenso a Segunda División después de tumbar al Mirandés por un contundente 3-1 en la ida de lo que debería ser la primera y última final de los bermellones en esta ruta hacia el fútbol profesional. El equipo, después de haberse ganado por derecho propio el poder acceder directamente a la ronda de campeones, fue llevado en volandas por miles de aficionados que dejaron un ambiente infernal en el ambiente ya desde horas antes en un intenso recibimiento y que se extendió durante las dos horas del partido, que ensordecieron a los burgaleses y los dejaron noqueados, incapaces de saber ver venir los reveses que propinaban los locales en un partido para guardar en todas las retinas.

A nadie se le escapaba la trascendencia de un encuentro que podía determinar, o dejar muy claro, qué equipo podía ocupar una de las cuatro plazas de Segunda A que liberaran los descendidos a la B. Había quien se lo tomaba con muchos nervios, casi sin dormir, o quien llegaba más relajado, pero lo cierto es que todos ellos, en cualquiera de sus formas de sentir el mallorquinismo y el fútbol, crearon un verdadero infierno en Camí dels Reis desde primera hora de la mañana, ya con un recibimiento que convirtió el día en noche y más tarde con una animación ensordecedora que devolvió la luz más clara y potente a Son Moix. Se podía decir más que nunca que el primer gol estaba marcado, y puede que incluso huyendo más que nunca de tópicos, porque se dio la casualidad de que en los primeros compases del encuentro, una gran carrera de Sastre por banda después de recibir con exquisitez un pase entre líneas por banda acabó en un centro del lateral de Porreres que recogió en el otro extremo del área totalmente solo Lago Junior, quien solo tuvo que empujarla con puntería para que Limones tuviese que recoger el primer cuero de la tarde mientras Mallorca estallaba de alegría.

Una afición rozando la incredulidad más pletórica que celebraba el primer gol del Mallorca en una promoción de ascenso desde el mítico de Carlitos en Vallecas, con todo lo que ha llovido y pasado por en medio, se iba mentalizando cada vez más de lo que podía ser aguantar 180 minutos un escueto 1-0, por si no fuesen suficientes para desabastecer la isla de desfibriladores los normales 90. Pero ahí vino el detalle que claramente marca que este es nuestro año: en vez de tirarse atrás con diez defensas, los hombres de Vicente Moreno siguieron jugando al ataque yendo por delante en el suceso más extraño en años en Son Moix. Y como la valentía, la entrega y sobre todo la calidad tienen premio, no se haría esperar mucho un segundo tanto de las manos -o de la cabeza- de Antonio Raillo, quien imbatible en cualquier combate físico se elevó sobre todos en el punto de penalti para rematar un córner de Salva Sevilla, siempre canela fina, y enviar el balón al fondo de las mallas, el segundo gol en veinticuatro minutos que hacía enloquecer definitivamente a la parroquia mallorquinista, que ya veía muy muy cerca el ascenso.

Aquí sí que empezó a tambalearse un poco el dominio de los locales, con algunos signos claros de acusar el cansancio de una primera media hora que no supo aprovechar el Mirandés de ninguna de las maneras, tampoco los minutos siguientes, en los que fue incapaz de imponerse a un Mallorca que ya estaba bajando revoluciones. De esta manera se seguía inescrutablemente el camino hacia el descanso, con cada vez menos peligro y el fueco puesto sobre todo en un muy señalado Alemán Pérez, el colegiado del encuentro, que mostró distintas varas de medir, con una excesiva dureza hacia los locales, que para nada era correspondida con los castellanos, con muchos problemas en el plano meramente deportivo para saber combinar bien muchos pases seguidos en un césped muy seco que no rodaba con la fuerza con la que los equipos cantábricos están acostumbrados.

Después de un intermedio con poca cosa reseñable más allá de que una mujer decidió que sería buena idea querer casarse con un hombre seguidor de Óscar Díaz, el segundo tiempo continuó como si nada hubiera pasado, como si esos quince minutos de receso nunca hubieran existido. Y es que ni el Mallorca era la apisonadora imperial de la primera media hora, aunque sabía encontrar a la perfección los huecos que dejaban los laterales, auténticas autopistas que en campos como Son Moix son sinónimo, y la realidad está ahí, de goleadas; ni el Mirandés conseguía ser sólido en ataque, reservando siempre las mejores ocasiones para los locales, sin ningún tipo de prisas conscientes de que el reloj corría a su favor. Y sin prisas pero sabiendo que un gol adverso daba un giro radical a la situación, empezaba el movimiento de banquillos en ambos equipos, con una incidencia muy rápida sobre el resultado, puesto que Álvaro Bustos entraba en el cincuenta y siete para tan solo seis minutos después llegar in extremis a un balón que se perdía por línea de fondo y, del mismo toque, ponerle un centro a Aridai que le dejaba en bandeja de oro el 3-0, que supo materializar el canario con un cabezazo certero.

Este resultado ya era una dosis monumental de confianza para una afición que empezaba a mirarse con un escepticismo creciente los últimos minutos, pero que se veía en Segunda más que nunca, con el sueño muy cerca. Y a medida que más se acercaba, lo propio hacía el Mirandés hacia la portería de Reina, ganando metros y consiguiendo ocasiones, sobre todo aprovechándose de un Reina muy adelantado que iba a acabar pagándolo. A falta de un cuarto de hora para el final y con los cómodos tres goles de ventaja, Paris Adot centra raso desde la línea de fondo un cuero que va paseándose dentro del área hasta que acierta a golpearle Pito Camacho desde el punto de penalti, elevándolo lo justo para que impactase en Xisco Campos y, a muy pocos centímetros de Reina, recalculase la trayectoria y fuese engullido por el arco del fondo norte, una grada que veía de cerca cómo, por la maldita regla del valor doble de los goles fuera de casa -y maldita ahora, no cuando nos dio nuestro último ascenso hace 21 años- los burgaleses se acercaban, mucho, peligrosamente. Y con demasiado tiempo como para que encima pudiese caer el segundo que, afortunadamente, a pesar de jugar con todas las prisas y toda la antideportividad, jamás llegó. De hecho, mucho más cerca estuvo el 4-1, en las botas de Álvaro Bustos, quien tras una carrera magistral solo erró en la definición final, por muy poco.

Ahora tocará una semana de meditación y de rebajar la euforia antes de llegar al partido de vuelta, la que ya sí que sí es la gran final por el ascenso, ahí se dirimirá uno de los cuatro ascendidos a Segunda División, en un partido que, por mucho que quiera prostituirse con fan zones, televisión de pago, lonas publicitarias extras y mensajes anti violencia de la LFP sigue, a falta de siete días, sin horario, dificultando el desplazamiento de centenares de mallorquinistas que ven, muy de cerca, un ascenso que nos rescataría del purgatorio en el que llevamos inmersos un largo año desde esa fatídica noche del 4 de junio en Miranda, un pueblo que puede limpiar su nombre y devolvernos a jugar partidos más allá de Alicante. Noventa minutos, once jugadores y un solo sueño: asaltar Tortugas en una semana. Estamos muy cerca.

Ruedas de prensa:

Escucha la rueda de prensa de Vicente Moreno

Escucha la rueda de prensa de Pablo Alfaro

El 1x1

Reina: 8; Sólido.

Sastre: 8; Aplicado.

Xisco Campos: 7; Correcto.

Raillo: 9; Coraje.

Bonilla: 8; Listo.

Aridai: 7; Gol y poco más.

Salva Sevilla: 10; Lección magistral.

Pedraza: 8; Consistente.

Lago Junior: 9: Ha vuelto.

Àlex López: 8; Lucha.

Abdon: 7; Falló, por suerte, en el mejor día.

Sustituciones:

Álvaro Bustos: 8; Hizo nacer un gol clave.

Fernando Cano: 7; Dinámico.

Ndi: s.c.

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