Foto: RCD Mallorca

Ficha técnica

R.C.D. Mallorca: Reina; Sastre, Xisco Campos, Raíllo, Bonilla; Pol Roigé (Giner, 60'), Salva Sevilla, Pedraza (Damià, 55'), Lago; Àlex López, Abdon (Cedric, 82').

Valencia C.F. Mestalla: Cristian; Álvaro, Centelles, Zotko, Iván; Damian, Villalba (Álex Blanco, 73'), Miki (Gonzalo, 45'), Alberto Gil, Jordi (Navarro, 63'); Rafa Mir.

Árbitro: José David Martínez Montalbán (Comité murciano) amonestó a los locales Abdon Parats, Marc Pedraza, Lago Junior, Damià, Reina y a los visitantes Márquez, Mir, Petcoff, y Villar. Expulsó a Abdon Prats por doble amarilla y a Centelles por roja directa.

Goles: (1-0): Abdon, 19'; (1-1): Alberto Gil, 53'; (2-1): Àlex López, 90'.

Incidencias: Partido correspondiente a la decimotercera jornada del grupo 3 de la Segunda División B disputado en Son Moix ante 5.691 espectadores.

Resumen

Sin mesura y a lo loco, así ha sido la décima victoria de la temporada para el Real Mallorca después de tumbar con muchísimo sufrimiento a un Valencia Mestalla que se presentaba en Son Moix con ganas de continuar remontando el vuelo después de vencer al Formentera el miércoles. Pero solo fue necesario que el árbitro diese inicio al partido para que se viesen chafados y pasasen a defender el empate con un vigor que, aunque fue muy fuerte, fue insuficiente para tumbar al líder, que con una agonía terrible volvió a hacerse con los tres puntos catorce días después -lo que según algunos es una crisis terrible.

El Mallorca, para vencer, decidió empezar convenciendo, demostrando que el grave error del pasado miércoles estaba aprendido y se lanzaron al ataque desde el primer minuto. Las ocasiones iban llegando a cuentagotas y eran de dudosa calidad, pero el balón rara vez llegaba a pasar el medio campo, lo que era una gran balsa de tranquilidad que permitía construir jugadas con más calma y paciencia. El peligro barralet progresaba adecuadamente: empezó Salva Sevilla con un tiro desde fuera del área muy desviado, le siguió una pelota muerta dentro del área que poco faltó para que la enganchasen y así nos acercábamos poco a poco.

Hasta llegar al minuto veinte. Entonces se suman un cúmulo de despropósitos que culminan en algo pocas veces visto: una asistencia de Pol Roigé. Esto sería lo más sorprendente si no fuese por el contexto de la jugada, una contra impecable que en pocos toques llevó el cuero desde campo propio hasta la portería rival. Empezó la jugada Joan Sastre, que movió hacia un Abdon que al primer toque ya había dejado al barcelonés dentro del área. Este apuró todo el tiempo que tuvo cabalgando hacia la línea de gol y, una vez sin oportunidades de marcar con el portero encima suyo, devolvió a Abdon para que solo y a placer pusiese el 1-0 desde el área pequeña. Que Pol sea asitente y que nos pongamos a hacer contraatques como si fuésemos el Bahía San Agustín que acaben en gol da para pensar que, más que buenos, es que estamos rodeados de porquería.

La intensidad de los de Vicente Moreno bajó, como debería ser evidente en cualquier competición en la que te espera una infernal promoción después de cuarenta partidos, pero esta vez no fue tan dramática como contra el Hércules, sino que se supo controlar el partido y se dejó a Reina marginado, con tan poca intervención que corría hacia el centro del campo para protestar cada falta, aunque solo fuese por mantener el calor. Todo estaba bajo control y a punto estuvo de quedar sentenciado el partido en el descuento, cuando poco le faltó a Salva Sevilla para marcar de falta directa, aunque Cristian estuvo muy atento y se supo estirar para cerrar el primer tiempo con empate a uno.

Para la segunda parte, Lubo Penev, vestido como si fuese un primo de la Paca, decidió mover el banquillo para poner un poco más de carne con la entrada de Gonzalo y, por activa o por pasiva, la jugada le salió bien porque a los ocho minutos el electrónico ya reflejaba el 1-1 por una volea de Alberto Gil al centro lateral de Centelles por la izquierda, terriblemente solo después de un error garrafal de Pol en la marca que dejó vendido a Sastre. Ahora era Moreno quien estaba obligado a mover el árbol para que cayesen frutos, pero lo hizo con una sustitución muy sorprendente: Pedraza salía para que entrase Damià, hoy castigado con la suplencia. Un hombre por hombre muy atrás que poca gente entendió, y con razón.

A partir de ahí, todo el partido salió calcado al de cuatro días antes. Todo eran pollos sin cabeza corriendo, prisas que solo Salva Sevilla era capaz de contemporizar y centros a la desesperada de Joan Sastre que acababan en el fondo norte y no es poca la distancia de la grada al césped. Xisco Campos y Abdon intentaron volver a avanzarse con disparos pegados al palo derecho de Cristian pero que se perdían por muy poco con el efecto equivocado además de Pol, que con un gran ángulo de tiro decidió esperar y se le hizo de noche. Pero la más clara fue de Lago, quien a falta de 25' para el final se quedó solo en el área pequeña delante del cancerbero ché después de un remate a puerta de Abdon y, preso de los nervios, la acabó enviando fuera del campo en una jugada en la que por espacio y tiros era infinitamente más difícil de errar que de marcar.

No todo el pescado estaba vendido y aún había espacio para utilizar naves sin gastar como Ferran Giner, que partió desde el banquillo para favorecer la entrada de Pol, algo que posiblemente no veamos nunca más a pesar de la asistencia del catalán; pero todo seguía igual, el partido no salía del bucle de nerviosismo en el que lo habíamos instalado y a la desesperada ya se buscó el milagro con Cedric, que sustituyó a Abdon para evitar que el artanenc acabase expulsado por doble amarilla, aunque acabase sucediendo hasta con el pichichi en el banquillo. La jugada era verdaderamente a la desesperada, pero acabó dando unos tintes épicos maravillosos.

Y es que ya era hora de ganar así, ya bastaba de goleadas sin oposición, de dejar los partidos sentenciados en el minuto veinte. Necesitábamos ganar sufriendo, y mucho, para valorar de verdad lo que era. Y ahí estábamos: 89', 1-1 después de dos empates seguidos y con todos los resultados ajenos demasiado a favor como para desaprovecharlos. Unos minutos más y tendríamos que aguantar a toda la caverna durante una semana llamando al estado de emergencia y al saqueo de Son Moix, aún estando líderes. Con Abdon fuera, necesitábamos a un nuevo santo al que glorificar que nos librase de una migraña mediática horrorosa. Y ahí, justo ahí, es cuando entra en acción Alejandro López de Groot.

En una jugada llegada desde la frontal al borde del descuento, el balón se elevó al cielo y cayó en el pecho del catalán en la media luna, desde donde se lo llevó hasta la esquina derecha del área y empezó a hacer magia: con un toque y un giro se deshizo a la vez de los tres defensas zonales que tenía encima suyo y justo después de pasar por encima de un zapato abandonado, aún escorado, le pegó un latigazo perfecto al balón que pasó por la única brecha de aire disponible entre todos los defensas valencianistas, a la derecha de la treyctoria del esférico, y Cristian, a la izquierda, para hundirlo en el fondo de las mallas y desatar el delirio en Son Moix con un golazo agónico y celebrado a más no poder que deja más líder al Mallorca y más pobres a las aseguradoras de los móviles mallorquinistas.

La felicidad inconmensurable con la que se abandonaba Camí dels Reis era el resultado de haber superado el segundo momento de relativas dudas sobre cómo puede acabar el año, después del que surgió al acabar el partido en Son Malferit. Ahora toca asaltar Lleida esta próxima semana en el único desplazamiento que se efectuará esta temporada al oeste catalán, ante un equipo que ya conocemos de habernos visto las caras el pasado septiembre en Copa pero que nos recibirá después de perder en Formentera y acumular solo dos puntos de los últimos nueve en juego aunque aún se mantiene arriba y buscará consolidar la cuarta plaza del play-off, la única que parece en juego para los mortales a estas alturas detrás de Villarreal B y Elche, que a base de pegarse entre ellos se están quedando en tierra de nadie, y el Mallorca, el líder intratable que ya es el único invicto de los ochenta de la categoría.

 

El 1x1

Reina: 7; Hizo cuánto pudo.

Joan Sastre: 6; Faltó lucidez en ataque.

Xisco Campos: 6; Se entregó.

Raíllo: 7; Luchó como nadie.

Bonilla: 6; Discreto para su posición.

Pedraza: 4; Oscuro.

Salva Sevilla: 8; Impuso un orden muy necesario.

Pol Roigé: 6; Mal pese a la asistencia.

Lago: 6; Se espera más de él.

Àlex López: 9; Fuente de felicidad.

Abdon: 7; Sigue pichichi a su ritmo.

Sustituciones:

Damià: 5; Aportó poco.

Giner: 6; Reequilibró el desastre de Pol.

Cedric: s.c.

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