Foto: LaLiga

Ficha técnica

R.C.D. Mallorca: Santamaría; Campabadal, Yuste, Pleguezuelo, Oriol; Zdjelar, Vallejo, Culio (Lekić, 71'), Salomão (Moutinho, 58'), Pol Roigé (Angeliño, 58'); Lago Junior.

Córdoba C.F.: Kieszek; Antoñito (Héctor Rodas, 86'), Caro, Deivid, Bíttolo; Aguza, Javi Lara, Pedro Ríos (Edu Ramos, 65'), Markovic, Javi Galán; Rodri.

Árbitro: Víctor Areces Franco (Comité asturiano) amonestó al local Campabadal y a los visitantes Kieszek, Antoñito, Aguza y Rodri

Goles: (1-0): Lago Junior, 3'; (1-1): Pedro Ríos, 20'.

Incidencias: Partido correspondiente a la 35ª jornada del Campeonato Nacional de Liga de Segunda División, disputada en el Iberostar Estadi ante 10.869 espectadores siendo una treintena de ellos cordobesistas, mejor entrada de la temporada a pesar de que estaban más de 20.000 asientos vendidos. Tras el encuentro y al igual que sucedió al finalizar el enfrentamiento contra el Nàstic, cerca de un centenar de aficionados esperaron en la puerta 0 del estadio para increpar a futbolistas y directivos.

Resumen

El Mallorca encadenó contra el Córdoba la décima jornada consecutiva sin ganar, racha que le deja con un pie y medio en Segunda B, a ocho puntos de la salvación y solo superando al Mirandés, vecino en el furgón de cola de la Liga 1|2|3. Los blanquiverdes se presentaban en Palma con un rotundo cero en el casillero de puntuación como visitante en este 2017, pero consiguieron arrancar un empate después de aprovecharse de una línea defensiva mallorquinista con más agujeros que un gruyère que se evidenció después del tempranero gol de Lago. En los últimos cinco minutos, los de Barjuan fueron mucho más intensos, pero de poco sirvió tan tardía reacción.

Y eso que el partido se volvía a poner de cara muy pronto: Lago Junior se encontró un rechace dentro del área, muy cerca de la línea de gol, y lo aprovechó para batir por debajo al polaco Pawel Kieszek y adelantar a los bermellones. La papeleta para la salvación seguía siendo difícil pero, ya sea por el éxtasis del gol o porque de verdad se creía, la afición volvía a encontrar un hilo de esperanza al que aferrarse en las últimas siete jornadas. Aún quedaban 87' y los más escépticos ya veían la igualada en el electrónico por haber marcado tan pronto, situación que ha sucedido a lo largo de todo el año, pero los locales afrontaron bien la ventaja y supieron coger el mando del partido (Lago volvió a marcar, aunque en fuera de juego), que solo era interrumpido por ocasiones cordobesistas muy puntuales regladas por una defensa que tuvo un día absolutamente horroroso.

Pero el destino no se cansa de hacer ver a toda la parroquia barralet que no hay nada que hacer y que todo el pescado ya está vendido, porque la alegría duró poco más de un cuarto de hora. En el minuto 20 Javi Galán realizó una expedición por la banda izquierda que dejó absolutamente destrozado a Yuste -lateral derecho de emergencia mientras Campabadal estaba en labores de ataque-, que no pudo evitar un centro preciso que cayó en los pies de Pedro Ríos, absolutamente libre de marca, quien remató a bocajarro para subir el 1-1 al marcador.

Este tanto sí que fue el que hizo daño al Mallorca, que a partir de ahí perdió todas las ideas y se aferró para buscar la remontada en contras con los jugadores subiendo como pollos sin cabeza y sin un juego claro y definido. Al llegar al descanso aún se acabó dando gracias por no ir por detrás. El segundo tiempo fue bastante mejor para las sensaciones rojinegras a pesar de que no se llegó a marcar. Las ocasiones se fueron multiplicando a medida que pasaban los minutos, pero todas acababan tocando las nubes de Son Moix o repelidas por algún defensor, desembocando en uno de los hasta 10 saques de esquina de los que dispusieron los isleños. En la recta final del partido, el Iberostar Estadi empezó a estallar de alegría con cada sucesiva ocasión local, aunque ninguna acabó entrando gracias a milagrosas intervenciones del arquero rival o errores espantosos de nuestros delanteros. Pero la alegría dio paso a la crispación tras el pitido final y la materialización del empate, por lo que la parroquia bermellona acabó emitiendo música de viento para sus jugadores.

El descenso ya es un hecho a falta de que sea matemático. A falta de 7 jornadas el Mallorca debe remontar la friolera de 8 puntos, cantidad inalcanzable por estadística, probabilidad, sensaciones y calidad. La próxima jornada toca visitar el Ramón Sánchez-Pizjuán para jugar contra el Sevilla Atlético, el último gran estadio en el que este escudo estará presente en mucho tiempo si un milagro de proporciones bíblicas y más abultado que el de hace 12 años en esa pugna contra el Levante para mantenerse en la Primera División. Los de Diego Martínez vendrán de perder 2-1 en Almería, la penúltima oportunidad para poder engancharse a una resurrección en la que nadie cree ya.

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