Foto: RCD Mallorca

Ficha técnica

R.C.D. Mallorca: Parera; Fran Gámez (Xisco Campos, 64'), Franco Russo, Valjent, Estupiñán; Baba, Faurlín, Valcarce, Stoichkov (Dani Rodríguez, 71'), Ferran Giner (Aridai, 78'); Àlex López.

Real Oviedo: Champagne; Carlos Martínez, Forlín, Bolaño, Javi Hernández; Richard Boateng (Yoel Bárcenas, 70'), Ramon Folch, Sergio Tejera (Cortina, 28'); Ibrahima Baldé (Joselú, 77'), Aarón Ñíguez, Toché.

Árbitro: Iñaki Vicandi Garrido (Comité vasco) amonestó a los locales Fran Gámez y Pablo Valcarce y a los visitantes Forlín y Aarón Ñíguez.

Goles: (1-0): Ferran Giner, 58'.

Incidencias: Partido correspondiente a la segunda ronda de la Copa del Rey, disputado en Son Moix ante 5.582 aficionados, aproximadamente una veintena de ellos seguidores ovetenses presentes en el feudo bermellón.

 

Resumen

El Mallorca ha vuelto a alzarse con la victoria, y empieza a ya no ser novedad, ya por cuarta vez esta temporada, en esta ocasión en la eliminatoria a vida o muerte de segunda ronda de Copa contra el Oviedo de Juan Antonio Anquela que solo pudo ser decidida por un solitario gol -y también es otro dato que ya se da por descontado visto el unocerismo que se gastan los de Vicente Moreno- de Ferran Giner en los primeros compases de la segunda parte, en un partido intrascendente a todos los niveles pero que, precisamente por eso, demuestra que los bermellones están de dulce y a día de hoy pueden con cualquiera que se anteponga en su camino y en cualquier circunstancia bajo la que se dispute el encuentro.

Sería una tremenda falta de respeto a la realidad pretender sacar conclusiones de un encuentro al que se salió por parte de los dos equipos con suplentes y con una poca iniciativa más que justificada, puesto que las ganancias tan marginales que da una Copa que maltrata a los modestos -ya lo hace con la mitad de equipos de Primera, imaginen con los de Segunda- no se acercan ni de lejos a lo que puede costar en desgaste, lesiones o críticas por malas sensaciones. Una competición en vía muerta despreciada por aquella práctica unanimidad a la que se ha marginado y después, por extensión, también por aquellos beneficiados, que ven que tienen que afrontar un año de competición cuando sus rivales ni salen con sangre porque, al final, a nadie le vale la pena si el rey a coronar no tiene que ser de la plebe.

Los primeros minutos del partido dejaron la sensación de que el conjunto carbayón salía con una mayor iniciativa en búsqueda de la portería de Parera, y a pesar de todo eran quienes más lo necesitaban por las urgencias desatadas por la estrepitosa derrota el pasado sábado en el Carlos Tartiere frente al Zaragoza. Los asturianos llegaban a tirar, pero principalmente los disparos se limitaban a llegar desde lejos y el cuero tendía a ni siquiera dirigirse a meta. Los hombres de Vicente Moreno no tardaron a responder a esas ofensivas y acabaron de despertarse a tocar del ecuador del primer tiempo, cuando empezaron a activarse las llegadas por banda, sobre todo la de Gámez (el único que repetía en el once respecto al pasado viernes), quien se cansó de poner balones llenos de dulce que solo encontraban remates deficientes que no inquietaban lo más mínimo a Champagne.

El encuentro, que se encontraba bastante trabado desde el primer minuto, empezó a romperse sobre todo a la media hora, momento en el que Sergio Tejera tendría que abandonar el campo por lesión y entraría Edu Cortina, un momento en el que se multiplicaron las llegadas de ambos equipos y el partido se animó un poco más, empezando a abandonar el ritmo soporífero que caracteriza la Copa del Rey, pero aún de manera insuficiente como para romper un empate con el que se llegaría al descanso a Son Moix, con sobre todo mucho miedo de que el oscuro buitre que planeaba sobre Camí dels Reis con la amenaza de una prórroga y de treinta minutos más de eses espectáculo acabara aterrizando por inacción mutua.

Pero poco duraría ese vértigo, puesto que desde la salida del túnel de vestuarios el conjunto rojinegro tomó los mandos del partido y puso la situación bajo control, limitando atrás las intervenciones de un Parera excelente el mínimo y ejerciendo desde abajo una salida de balón efectiva, apoyada sobre todo en un Fran Gámez que, pese a la paliza que se está pegando en estos primeros envites de la temporada, volvió a ofrecer un gran rendimiento. Precisamente, con una salida desde la derecha se inició la jugada del tanto que desempataría el marcador, siguiendo con un gran cambio de orientación en diagonal que peinaría Àlex López sin desviar demasiado el cuero y recogería Ferran Giner en el extremo izquierdo del área, con el suficiente ángulo para disparar de primeras y batir con un tiro cruzado imparable contra el que nada pudo hacer Champagne.

La primera reacción de Vicente Moreno al tanto fue clara: no perder de ninguna manera los nervios. Para ello, sustituyo a un fatigado Fran Gámez pero en su posición hizo entrar a Xisco Campos, que volvió al lateral derecho que ya ocupara la pasada temporada en la segunda jornada de Liga contra la Penya. A pesar de esto, el marcador se vio poco amenazado en lo que restó de encuentro y si algo asomó más, fue sin duda el segundo chicharro bermellón antes que las tablas azulonas, algo que estuvo a punto de materializar Faurlín con un cabezazo a bocajarro que erró en la que francamente era la alternativa más complicada, en un día más en el que el argentino volvió a dejar un sabor amargo y desaprovechó una oportunidad de oro macizo para hacerse con una titularidad que tenía hace tan solo dos temporadas cuando ascendió a Primera con el Getafe.

El Oviedo, por su parte, no supo aprovechar bien las pocas oportunidades que les deparó un final de partido atrancado, en el que la agresividad se intensificó y las faltas empezaron a ser recurrentes, algo que no benefició a los de Anquela a pesar de que los únicos jugadores que fueron amonestados en la recta final fueran de su disciplina, lo que no evitó que la única ocasión en los últimos minutos del encuentro fuera un simple cabeceo a cinco minutos del final que ni tan siquiera se dirigió a puerta, algo que certificó su caída en las primeras de cambio en esta nueva edición de la Copa del Rey y que permite que el Mallorca avance a tercera ronda, donde se encontrará -por su vía- con otros diez equipos de Segunda que se enfrentarán entre ellos para conseguir una plaza en dieciseisavos, donde ya sí tocará verse las caras a ida y vuelta con un Primera que no dispute Champions. De entre estos once, el sorteo del próximo viernes determinará que uno avance directamente sin jugar a la fase final.

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