Foto: LaLiga

Ficha técnica

R.C.D. Mallorca: Santamaría; Campabadal, Ansotegi, Raillo, Angeliño; Zdjelar (Lekić, 70'), Yuste, Juan Domínguez, Salomão (Pol Roigé, 77'), Moutinho (Lago Junior, 60); Brandon.

C. Gimnàstic de Tarragona: Manolo Reina; Gerard Valentín, Xavi Molina, Perone, Bouzón, Mossa; Zahibo, Madinda (Juan Muñiz, 18'), Tejera; Manu Barreiro (Álex López, 45'), Achille Emana (Juan Delgado, 82').

Árbitro: Pedro Jesús Pérez Montero (Comité de Andalucía) amonestó a los locales Angeliño, Yuste y Zdjelar y a los visitantes Xavi Molina, Mossa y Juan Muñiz.

Incidencias: Partido correspondiente a la 33ª jornada del Campeonato Nacional de Liga de Segunda División disputado en el Iberostar Estadi ante 9.842 espectadores. Tras el encuentro, medio centenar de aficionados se quedaron dentro del estadio para increpar e insultar al presidente, Monti Galmés, mientras otros cien esperaron en la puerta 0 a los jugadores y el resto de directivos.

Resumen

El Mallorca perdió el último hilo de esperanzas reales de salvación empatando en un partido gris ante el Nàstic de Tarragona en el que los jugadores bermellones fueron incapaces de transmitir durante sesenta segundos seguidos una simple sensación de superioridad, ni aunque fuese moral. Los isleños han conseguido hacer lo que mejor saben, complicarse más la vida en un escenario ya dantesco de por sí, evidenciando falta de puntería, concentración y táctica que se plasmó en inofensividad y remates sobre la línea de gol que acababan con el balón en la Vía de Cintura. La proeza a la que se agarra todo aficionado ahora sería menospreciarla en caso de ser calificada de milagro, se necesitará mucho más que una divinidad para mantener el barco a flote

El inicio del partido fue absolutamente soporífero, los dos conjuntos se encontraban encerrados en sus respectivas áreas y se antojó imposible que alguien anotase. Pasado el ecuador del primer tiempo, el Mallorca empezó a estirarse tímidamente, pero un pobre planteamiento de Sergi Barjuan condenó a su propio equipo, que tuvo muchas dificultades para acercarse a Manolo Reina con Salomão y Moutinho a pierna cambiada buscando al centro a Brandon, otra vez muy desacertado. Los rojinegros no pudieron pasar de acciones aisladas, sin problemas para la zaga tarraconense, que no les permitían mejorar en confianza y dar el pasito definitivo hacia el gol. Los primeros tres cuartos de hora se saldaron con la salida de Barreiro y Álex López por lesión, lo que dificultó mucho que los de Merino se fuesen de lleno a la Península.

La segunda parte arrancó muy pausada, con constantes interrupciones en el juego por múltiples faltas, lo hizo descender aún más si cabía el número de ocasiones. Angeliño estuvo cerca en el 60', pero su tiro desde fuera del área acabó saliendo por la izquierda por muy poco y tres minutos después se topaba con Reina. El mismo lateral izquierdo iba a acabar siendo el peor de los jugadores locales, resultando ser para Gerard Valentín una excelente autopista sin peaje que sirvió para crear las mejores ocasiones del Nàstic que, por uno u otro motivo, no acabaron dentro de la portería, aunque Santamaría tuvo que lucirse para salvar los muebles todo lo que pudo desde su posición.

La nota trágica la acentuaron en los últimos minutos Lago Junior y Brandon: el marfileño no consiguió rematar por milímetros un balón que se paseaba por la zona de castigo con el arquero visitante incapacitado para blocar el esférico en caso de que el africano hubiese acertado a cabecear mientras que el mallorquín envió a las nubes una pelota que enganchó en la línea de gol, desafiando toda ley de la física en esa postrera jugada. El partido acabó con polémica, porque el colegiado no dejó sacar a los catalanes una peligrosa falta antes de señalar el final del encuentro que se saldó igual que como había empezado, con tablas a cero en el marcador.

Las matemáticas son simples, pero arrojan una papeleta complicada para el Mallorca: los de Sergi Barjuan tienen que conseguir 18 puntos de 27 en juego, es decir, ganar 2 de cada 3 partidos en el peor de los casos. O sea, 6 victorias en 9 encuentros, las mismas que lleva en 33 jornadas. Los números parecen sacados de un manifiesto surrealista, pero es la cruda realidad que debe afrontar -o más bien asumir- la parroquia mallorquinista antes de acabar una pésima temporada en el plano deportivo. Que la Segunda B nos sea menos leve, que el semiprofesionalismo no nos venga grande.

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