Foto: Ontinyent CF

Ficha técnica

Ontinyent C.F.: Campos; Albiol, Russo, Montreal, Verdú; Anaba (Rubio, 61'), Carrasco (Bandera, 70'), Soler (Leomar Pinto, 50'), Juanan, Malagón; Keita.

R.C.D. Mallorca: Reina; Joan Sastre, Xisco Campos, Raíllo, Bonilla; Pol Roigé (Bryan Reyna, 67'), Damià, Pedraza, Lago; Àlex López (Salva Sevilla, 81'), Abdon (Cedriz, 56').

Árbitro: Luis Miguel Montero de Lerma (Comité castellano-manchego) amonestó una vez a los locales Juanan, Anaba y Verdú y a los visitantes Abdon, Reina y Joan Sastre mientras que expulsó por doble amarilla a Ferran Giner -una en el banquillo y otra en el túnel de vestuarios) y por roja directa a Leomar Pinto.

Goles: (0-1): Lago Junior de penalti, 40'.

Incidencias: Partido correspondiente a la 5ª jornada del grupo III del Campeonato de Liga de Segunda B, disputado en El Clariano ante cerca de 3.000 espectadores, con una veintena de mallorquinistas, entre los que se vivieron algunos momentos de tensión durante el encuentro. Al finalizar los noventa minutos, Cedric fue evacuado al hospital tras sentir problemas en el pecho, donde se le hicieron pruebas que revelaron que no sufría ninguna dolencia grave.

Resumen

Un partido menos y tres puntos más, esta sería la mejor definición del encuentro que tuvo que sufrir el mallorquinismo en la primera salida a Valencia en esta temporada, donde el césped artificial y las dimensiones del terreno de juego condenaron a los bermellones a volver a agarrarse a la escuela de barro del unocerismo, que bien aplicada dio otro triunfo fuera de casa que esta vez sí que se convierte en un buen comodín al haberse producido sobre uno de las campos más complicados de toda la categoría para los "aspirantes" al ascenso aún sin haber conseguido labrar un buen juego, que fue más bien precario otra vez, pero lo suficiente como para seguir mantenidos en el coliderato del grupo 3.

El inicio del partido siguió claramente el guión predeterminado: el Ontinyent se replegó al completo en su propio campo esperando la desesperación de un Mallorca que iba a tener la pelota tanto si quisiese como si no. La estrategia local tuvo la ayuda de las dimensiones, que eran muy propensas a la encerrona y bloquearon el partido los primeros cinco minutos, hasta que la concentración se rompió y se empezaron a suceder errores defensivos gravísimos a ambos lados del campo que no prosperaron por la pólvora mojada de un Keita que sí supo romper las líneas y la falta de ideas de los de Vicente Moreno, que exigieron muy poco a parte de irrupciones puntuales por las bandas, que acabaron por diluirse muy pronto y los albinegros pasaron a mover el partido y todo el ritmo ofensivo ayudados por quiebras en los cuatro de atrás que subsanaba el punto de mira valenciano.

Este desacierto llegó al punto que incluso fue negativo para la moral del conjunto entrenado por Vicente Parras, que fue siendo superado a medida que se iba dejando atrás el ecuador de la primera parte y cediendo las ocasiones para los isleños, que no defraudaron e hicieron emplearse a fondo al arquero. La más clara la tuvo Pol Roigé, covertido en una especie de anticristo para la parroquia bermellona, con una volea espectacular desde fuera del área que tuvo que despejar Campos de la escuadra. También Bonilla buscaba aproximaciones desde la izquierda, pero sus centros no acabaron de salir afinados en este partido y se tuvo que aplicar la máxima del fútbol amateur: pelotazo, arriba. Precisamente en un balón caído desde el cielo de Ontinyent al filo del descanso nació el gol cuando Abdon y Verdú pugnaron por el cuero, aunque la violencia aérea del lateral derrumbó al artanenc y Montero de Lerma no dudó en señalar una pena máxima que Lago Junior transformó lanzando a su izquierda, quedándose corto el portero pese a haber adivinado el lado.

El camino al descanso fue la escenificación de la muerte de nuestro reinado, perdiendo mucha intensidad en el juego de manera progresiva en los pocos minutos que restaban antes de llegar al intermedio, sin mayores sobresaltos. La salida del túnel fue algo así como lo que la propia frase hecha indica: un trauma por el que todos debemos pasar. No hubo tiempo para la más mínima relajación, porque el cuello de Reina vivía escalofriado sintiendo el constante aliento ontiñentino aunque la zaga estuvo mucho más a la altura en esta segunda parte, convirtiendo en invisible a su portero, quien no tuvo que moverse demasiado par volver a dejar por cuarta vez esta temporada la portería a cero, el mejor registro de todo el grupo. Pero aún con esta eficacia defensiva que iba apuntando a mejor, el balón parado fue una fuente de preocupación en el entorno mallorquinista, al que se le paraba el corazón cada vez que el colegiado -muy correcto hoy- indicaba libre directo o saque de esquina, que iban siendo más y más peligrosos cada vez pero coincidió con que los blanquillos no tuvieron su mejor día en este aspecto, en el que se les vio muy perdidos.

En el extremo opuesto del campo, la entrada de Cedric -hoy suplente- por Abdon había supuesto jugar de facto sin delanteros, porque toda llegada a partir de ahí fue una absoluta pérdida de tiempo -que tampoco acababa de ir mal, viendo el marcador- al no haber nadie que supiese tener la más mínima idea de rematar a portería las puntuales llegadas por la siniestra de Bonilla y Lago, canalizadores de las transiciones ofensivas en un día en el que ni Damià ni Pedraza tuvieron oportunidad de mover el balón en el centro del campo y se ciñeron a moverse desubicados por las frontales de las áreas. Ni tan siquiera en el último ramalazo al ataque, más vertido por el centro, tuvieron un protagonismo del que solo disfrutó la delantera y que sirvió para dejar a los locales con diez después de que Pinto derrumbase a Lago Junior en una aproximación al área que nada bien supo aprovechar un recién ingresado Salva Sevilla en la posterior falta.

Aún tocaría tener un poco más de paciencia y capacidad de sufrimiento en una extensísima prórroga en la que el Ontinyent ya buscó a la desesperada un empate para salvar los muebles contra un rival importante, llegando a reclamar con vehemencia penaltis ridículos mientras que los bermellones apuraban perdiendo todo el tiempo que podían, con la excepción de Cedric que sí que tuvo dolencias reales en la zona del corazón y estuvo atendido un cuarto de hora antes de ser trasladado al hospital y recibir el alta rápidamente, hasta que el triple pitido final del colegiado otorgó de manera definitiva los tres puntos a los mallorquines, que se iban relajados al túnel de vestuarios -donde fue expulsado Giner por hacerle "observaciones" a Montero de Lerma- después de tres cuartos de hora marcados por el asedio rival y el miedo a perder la ventaja.

El Mallorca cierra la quinta jornada de Liga empatado a puntos en el liderato con el Elche pero sin mostrar un juego que haya acabado de convencer a los bohemios guardiolistas que no pararán de criticar a menos que lleguemos al 75% de posesión, en Segunda B. Afortunadamente, Vicente Moreno tiene bastante más experiencia en Segunda B y sus resultados están funcionando a la perfección, hasta en el infernal césped artificial que hace sufrir a los transatlánticos y que deja a los rojinegros con trece puntos de quince a la espera de recibir la visita del Llagostera, afincado por segundo año consecutivo en la zona baja y que vendrá de perder en Girona contra el Formentera, el próximo domingo al mediodía en Son Moix en una lucha que se promete apasionante tanto en búsqueda del liderato como de evitar la zona roja. Disfruten que por una vez somos nosotros los primeros.

 

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