Fue Jorge Valdano, filósofo y pensador antes que hombre de fútbol, quién pronunció una frase que ha quedado marcada a fuego en la memoria futbolera colectiva: “El fútbol, como la vida, es un estado de ánimo”, esa frase, que pretende resaltar la relación directa y de doble sentido que se establece entre el estado anímico de los jugadores y su entorno y el resultado del equipo ejemplifica hoy más que nunca, la sensación que ha dejado el Mallorca al término del encuentro. Por la actitud de los futbolistas y del (poco) público que ha asistido hoy a Son Moix, ha dado la sensación, de que, sin hacer un gran juego ni dominar al rival, el Mallorca ha ganado, como y cuando ha querido, sin apretar el acelerador, pero con ideas claras.

“Ganar hace reir”, un dicho muy mallorquín el que ilustra nuestro post, y es que en el día de hoy el objetivo no era ganar para poder pasar la eliminatoria de copa, el objetivo era ganar para romper el círculo vicioso en el que estaba sumido el equipo, coger un poco de confianza ante un rival directo en la lucha por la permanencia e intentar insuflarnos algo de confianza de cara al inicio de la segunda vuelta de la liga. Paradójicamente, hace apenas tres semanas todo era pesimismo, malas sensaciones y preocupación, y a día de hoy, tras un empate contra el Sevilla (en mi opinión siendo mejor que ellos), una derrota in extremis contra el Barça poniéndoles en ciertos aprietos, y una victoria  copera contra el Almería, hacen que el Mallorca vea la el haz de luz entre tanta tiniebla por varios motivos: El Mallorca es capaz de mostrar seguridad defensiva, los reservas que entran en el equipo mantienen el nivel de los titulares y el equipo es capaz de hacer goles. A buen seguro que todos estamos deseando que pasen ya estos tres partidos que vienen ante Madrid, Villareal y Valencia para ver si el equipo es capaz de mostrar consistencia defensiva contra equipos de su liga, empezando por Osasuna.

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Adúriz & Keita: posiciones intercambiadas.

Observamos la alineación antes del partido, arriba juegan Adúriz y Keita, si sobre un papel tuviésemos que dibujar el esquema, a buen seguro que colocaríamos al vasco en punta, como primer hombre del ataque, como ariete que fije los defensas, mientras que el Guineano quedaría situado a su espalda, bajando a recibir a mediocampo, corriendo al espacio que deje el movimiento de arrastre de Adúriz y ayudando en la presión a la medular. Eso es lo que nos diría la lógica, dadas las características de ambos jugadores y lo que nos dice la lógica y tradición futbolística.

Mientras veía el partido y me fijaba en los movimientos de los dos delanteros, me venía constantemente a la cabeza aquel Mónaco subcampeón de Europa que formaba dupla arriba con Giuly y Morientes, ejemplificando ambos el papel que hoy han desempeñado Keita y Adúriz respectivamente, mientras que el Francés actuaba de punta, corriendo todos los balones al espacio, el español, entraba desde segunda línea al remate y creando dudas entre los centrales contrarios. Hoy los movimientos de la pareja atacante mallorquinista han sido calcados a la del equipo monegasco: Keita era el primer hombre en la presión, forzando al portero y a los centrales a jugar el balón rápido y sin pensar, además, continuamente corre a la espalda de los centrales en busca de contraataques y balones largos que pillen desprevenidos a la defensa, Adúriz, por su parte, además de ayudar en la presión a los centrales, bajaba al mediocampo a  bregar balones y a recibir de espaldas al arco para provocar falta en o habilitar a un compañero para acto seguido correr  al remate entrando en carrera desde segunda línea, evitando que los centrales pudieran tomarle como referencia . La idea ha sido buena, y a consecuencia, el Mallorca ha hecho mucho daño a la contra al Almería, cualquier balón al espacio ha hecho correr mucho a los zagueros almerienses, los cuales han carecido de una referencia a la que sujetas y sobre la que poder ordenar su defensa.

El caso “Chori”.

Nos lo vendieron como el jugador más determinante de la liga uruguaya, un jugador de gran recorrido, polivalente y con calidad. Supuestamente ofrecía desborde, conducción, gol y peligro en ataque, se creía que se fichaba al “nuevo Arango”, un futbolista sudamericano desconocido para el gran público que rompía moldes en su liga y que apuntaba para crack, su traspaso fue uno de los más importantes en la historia mallorquinista, casi 4 millones de euros tuvieron la culpa de que abandonase su Uruguay natal para venir a triunfar al fútbol español.

A día de hoy nos encontramos ante un futbolista apático, que un año y medio después sigue buscando aclimatarse, y que el único rasgo que comparte con Arango es la indolencia que marca sus actuaciones. No tiene desborde, no pone buenos centros, no aporta velocidad al juego ni demuestra entendimiento con sus compañeros. Cada una de sus actuaciones acaba en fracaso, y cada nueva oportunidad que se le otorga es una oportunidad desperdiciada. Se supone que es un extremo, pero en lugar de abrir el campo se dedica a acortarlo, se le supone velocidad, pero no acompaña los contraataques. Viéndolo con perspectiva, su fichaje parece una broma pesada de algún intermediario, un timo que “nos coló” algún representante con ganas de ganar dinero, uno más de tantos jugadores que levantaban demasiadas expectativas por el mero hecho de ser sudamericano, el jugar en ligas de mucho menor potencial y la inflación del producto argentino tienen la culpa. En el Mallorca ya tenemos experiencia, no es el primer fichaje sudamericano que nos sale mal: Palinha, “Chupa” López, “Polo” Quinteros, Serrizuela, Ligüera… a los Mallorquinistas nos gusta mucho acordarnos de los Roa, Mena, Ibagaza, o Siviero, pero la realidad es que, cuando hemos ido a fichar al mercado sudamericano, el porcentaje de fracasos ha sido muy superior al de aciertos.

Comentarios

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  1. Balta dice:

    El nombre de “Polo” Quineros, no es correcto. Es Quinteros

  2. Miguel Sureda dice:

    Gracias Balta, ya está corregido.

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