Foto: RCD Mallorca

Ficha técnica

Málaga C.F.: Munir; Iván Rodríguez (Alberto López, 87'), Luis Hernández, Diego González (David Ramos, 78'), Ricca (Cifu, 87'); Renato (Hakšabanović, 76'), Boulahroud (Pau Torres, 78'), Adrián, Ontiveros (Hicham, 76'); Harper, Héctor Hernández (Antoñín, 71').

R.C.D. Mallorca: Reina (Parera, 75'); Gámez (Anderson Arroyo, 75'), Xisco Campos, Raillo (Russo, 58'), Salva Ruiz (Bonilla, 68'); Pedraza (Baba, 46'), Dani Rodríguez ('Stoichkov', 18'(Moyita, 80')), Valcarce (Aridai, 68'), Salva Sevilla (Faurlín, 46'), Lago Junior (Ferran Giner, 58'); Àlex López (Abdon, 68').

Árbitro: Juan Gabriel Gallegos Jiménez (Comité andaluz) en sustitución del desconocido designado que ni se presentó amonestó a Iván Roidríguez, Iván González y Ricca por parte de los blanquiazules y a Valcarce y Bonilla de los bermellones.

Incidencias: Sexto partido de pretemporada para el combinado de Vicente Moreno, disputado ante ochocientas personas en el Municipal de Marbella, a pesar de que estaba previsto en el Complejo anexo. El inicio del encuentro se retrasó media hora debido a que el árbitro a quien supuestamente se le había encargado no apareció y, al no saber ni organizadores ni clubes de quien se trataba, se tuvo que buscar a un sustituto local de Segunda B, mientras que el envite le correspondía a un Segunda A o un Primera, que no pudo hacer ni el calentamiento previo. Además, la ficha oficial de alineaciones presentaba numerosos errores con nombres, relación de convocados y dorsales, lo que llevó a escenas de gran confusión.

 

Resumen

El Mallorca se despide de su gira por tierras andaluzas con el que a buen seguro es uno de los partidos con mayor cantidad de despropósitos en sus más de 102 años de historia, del que pudo extraer -aunque no pasará a la historia precisamente por esto- un poco valioso empate a cero ante el Málaga de Juan Ramón López Muñiz que aún así puede ser un buen empuje moral de cara a la temporada que se inicia la próxima semana si se encadena con una buena actuación en el Ciutat de Palma, lo que dejaría el 'tour' estival contra equipos de la Segunda División con un nada mal sabor de boca y permitiría llegar contra Osasuna con confianza y con la conciencia de los errores cometidos.

Para poner en contexto lo que pudo llegar a ser un encuentro que debía ser serio ya solo por el cartel que atesoraba, el encuentro estaba previsto en un lugar, a una hora concreta y con un árbitro determinado. Los equipos los damos por descontados, que solo faltaría. Pues acabó resultando que de estas tres variables no se cumplió ni una sola, a cada una de mayor gravedad porque el campo se cambió al feudo en el que juega de local el Marbella, pero lo realmente serio llegaría cuando a falta de unos minutos ya preocupantes para que empezara el partido absolutamente nadie había visto al colegiado encargado de impartir justicia y, aún hay más, ninguna persona sabía quién era que tenía que ser, lo que forzó una salida a la desesperada con una llamada de urgencia al trencilla más cercano de la zona para que dejara lo que fuese que estuviese haciendo -seguramente de todo menos pensar en vestirse de corto- e ir pitando al terreno de juego hasta sin calentar porque ya se llevaba mucho retraso colateral.

Esta improvisación forzada por una cadena de personas que fueron incapaces de completar bien su trabajo, porque esto no pasa porque una sola persona haya tenido un pequeño despiste, creó situaciones totalmente inverosímiles como que el Málaga ya saliese por el túnel de vestuarios con el himno de fondo sonando, con la camiseta del partido y hasta el banderín mientras los jugadores bermellones se lo miraban atónitos porque ni habían acabado un calentamiento que ya rozaba la hora. Y al final pasó lo que tenía que pasar, jugadores lesionados por uno y otro equipo, empezando por Dani Rodríguez, a quien se le presupone un mínimo de dos semanas de baja por una lesión en los isquiotibiales, aunque también se tuvieron que marchar con molestias Salva Sevilla y Pedraza o Héctor Hernández.

En lo que fue el partido en sí, tampoco deparó una actuación que hiciese olvidar los prolegómenos, sino que más bien los recordaba constantemente, con los jugadores sabiéndose débiles por la más que deficiente preparación hecha y hasta yendo a desgana después del lamentable espectáculo que les había tocado sufrir. A pesar de esto, el Mallorca ofreció una cara bastante positiva que deja poco espacio a la crítica, intentándolo desde muy pronto, lamiendo Lago el palo ya en el segundo minuto del encuentro, y sabiendo no ceder cuando este se trababa, algo que sucedió en infinidad de ocasiones y que, bien manejado, debía favorecer a los bermellones. Aún así, los andaluces también supieron explotar sus cartas en la primera parte y encontraron muchos huecos por unas bandas que, así como el año pasado fueron los pilares del ascenso, esta pretemporada están en una situación alarmante, tanto que un fallo en la marca de Fran Gámez provocó que Ontiveros, con un ligero giro de rumbo estuviera a punto de marcar un golazo con un disparo escorado que impactó prácticamente en la cruceta.

El segundo tiempo, con la entrada de la savia nueva, sobre todo por parte mallorquinista, que ya contaba con tres sustituciones por lesiones o molestias y todas en el eje del centro del campo, aumentó el nivel de agresividad y consecuentemente el número de tarjetas amarillas, que había acabado a cero a los cuarenta y cinco minutos. Y paradójicamente quien más se aplicó en este juego fue el Málaga, a quien a priori menos le convenía pero que se aplicó en ello, dejando momentos de tensión por miedo a que se pudieran perder más hombres. Esta táctica bloqueó aún más un partido que ya destilaba desde el principio sensaciones muy extrañas y que entraba en su recta final condicionando algún hipotético tanto a un error defensivo grave por parte de alguna de las defensas, que no supo aprovechar ninguno de los dos conjuntos: ni Gámez a puerta vacía después de un gran cambio de orientación desde casi la línea de fondo ni tampoco los blanquiazules con un pase raso que les regaló Reina, en bandeja de oro. Al final esta desgana solo condenó al empate a cero a un partido del que dificilmente alguien se acordará del resultado pero sí una inmensa mayoría de las circunstancias.

Después de abandonar Marbella, Son Moix espera este sábado a Mallorca y Alcorcón para enfrentarlos en el XLIII Trofeu Ciutat de Palma, el séptimo y último test de una pretemporada que, suceda lo que suceda se habrá cerrado con mayoría absoluta de victorias -mínimo cuatro-, algo que será totalmente irrelevante cuando la semana que viene ruede el balón en Camí dels Reis en el Mallorca-Osasuna de la primera jornada de LaLiga 1|2|3, el primer enfrentamiento liguero de los de Vicente Moreno, a quien aún le quedará este último banco de pruebas para realizar los últimos experimentos con red, incluso incorporando a nuevos hombres como Pervis Estupiñán. Lo único seguro -o visto lo visto quién sabe si quizás no- es que la visita de Osasuna cada vez está más cerca, y ese día ya será la entrada definitiva en la jungla.

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