El que decidió bautizar a "Sa Roqueta" bajo el nombre de la Isla de la Calma, sin lugar a dudas obvió el apartado futbolístico bermellón. Presidentes que han querido convertir Son Moix en el Bernabéu, en el Allianz Arena… que han querido colocar a la entidad bermellona como la tercera de España... que han contratado a entrenadores con demandas en proceso contra el club... en definitiva, una retahíla de hechos que rompen con toda convención de sosiego. Cualquiera que haya seguido de cerca los últimos tiempos del Real Club Deportivo Mallorca incluirá "convulso" en su narración de los acontecimientos.

A todo eso, hay que sumarle que el mallorquinista, por antonomasia, es extremista. Cuando un partido va bien, su equipo es una réplica exacta del mismo "Dream Team". Ahora, como se pierda... falta tiempo para compararlo con el equipo de jubilados del barrio que juegan "pachangas" los domingos por la tarde. Viene en los genes del mallorquinismo.

Y en efecto, con el equipo situado en los puestos de descenso bajo el mando de Albert Ferrer, si uno se paraba a escuchar los comentarios de la gente, se daba a entender que hasta unos benjamines podrían batir a esa "banda de paquetes". Los fantasmas de la Segunda B no pasaban de largo en ninguna de las conversaciones y se llegaba a escuchar el habitual "Ya verás como el año que viene nos toca contra el Baleares..."

Pero ahora, con la llegada de Pepe Gálvez, parece que todo ha cambiado. Tras vencer 2-0 en casa contra el Albacete, con buenas sensaciones y buena imagen, otro aire se respira en la isla. Ya no son tormentas lo que alteran la paz de la insula maior, sino una ola de entusiasmo, optimismo y esperanza. Y tan literal es esa ola, que -casi- todo Son Moix la surfeó en un estallido de júbilo tras el gol de Brandon que sentenciaba el partido. Sonó de nuevo el "Real Mallorca alé alé" y se volvió a aplaudir a la plantilla al final del partido, costumbres que se temía perder.

Gálvez sigue estando bajo la lupa de Claasen y Nadal, pero desde luego, haber cambiado las tormentas por olas, los pitos por aplausos y el pesimismo por el optimismo en tan poco tiempo, es algo digno de alabar. Eso sí, sin olvidar que esto sigue siendo el Mallorca y que un paso en falso trae de vuelta la peor de las tempestades. De momento, que todo lo que tenga que alterar la calma sean olas y que éstas, de una vez por todas, se conviertan en oleaje. El oleaje que nos empuje al ascenso.

Comentarios

RCDM no se hace responsable de los comentarios de los lectores y se reserva el derecho a retirar aquellos que sean ofensivos. En cumplimiento de la legislación vigente queda registrada la dirección de Internet del autor, así como la fecha y hora de su envío.

No hay comentarios para esta noticia, se el primero en opinar

* Campos obligatorios

RCDM.es - El Blog del aficionado Mallorquinista

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su navegabilidad y experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies