Miquel SolerPor lo general, solemos idolatrar a aquellos futbolistas que tienen un paso corto pero excelso por nuestro fútbol; algo así como una explosión de éxito que se termina como comenzó: casi sin darse cuenta. Sin embargo, esa idolatría dura tan poco como su triunfo. Y de este modo quienes realmente quedan para el recuerdo son aquellos que, a base de constancia y regularidad, han estado años a un gran nivel casi de modo imperceptible hasta que se han marchado.

Muchos son los casos de lo que decimos, pero sin duda uno de los más claros y recientes es el del Nano Soler, capaz de disputar hasta 20 temporadas (¡veinte!) en Primera División, con siete equipos distintos, casi todos ellos primeras espadas, e incluso pese a ser lateral izquierdo marcar con todos ellos. Un registro sólo superado por el buen recuerdo que ha dejado en cada uno de esos equipos, fruto de la profesionalidad que demostró durante los 504 partidos que disputó desde 1983 a 2003, año en que se retiró en nuestro Mallorca.

Miquel Soler Sarasols nació en Hostalets de'n Bas, Girona, el 13 de marzo de 1965. Formado en la Unió Esportiva Olot, a los 18 años fue contratado por el Espanyol, produciéndose el 3 de septiembre de 1983 su debut en Primera División, ante el Atlético de Madrid. Pocos se podían imaginar, seguramente ni él mismo, que ese iba a ser el primer día de 20 años, que se dice pronto, en la elite del fútbol español.

En el club perico se mantendría durante las próximas cinco temporadas, consagrándose como uno de los mejores laterales izquierdos del país, siendo uno de los principales artífices de los grandes resultados de aquél Espanyol de Javier Clemente que, entre otros, fue subcampeón de la UEFA en el 88, y llegando a convertirse en internacional absoluto.

Una montaña rusa imparable

Fue precisamente en ese verano del 88, en el que Soler disputó la Eurocopa de Alemania con España, cuando dio su primer salto a un grande. Fue el vecino culé quien se llevó al lateral, una de las piezas más codiciadas entonces en nuestro fútbol. En el Barcelona, pero, nunca llegó a ser titular indiscutible y, después de tres campañas en las que disputó 76 encuentros (aunque sólo un terció de ellos desde el inicio) y conseguir tres títulos, decidió abandonar el club.

Madrid fue su siguiente destino. Concretamente, el Atlético. Pero en la capital sólo estaría un año; una campaña en la que sí fue titular y en la que se volvería a llevar la Copa del Rey. Eso le valió una segunda oportunidad en el Barcelona, pero de poco sirvió. En el dream team de Cruyff Soler no encontró sitio y, después de jugar tan solo tres partidos como titular volvería a abandonar, esta vez para no volver, el vestuario azulgrana.

Demostrando que pese a ello su cartel continuaba siendo excelente, se marchó al Sevilla, uno de los mejores conjuntos del momento, donde coincidió con Unzué, Rafa Paz, el mallorquín Marcos o Davor Suker. En el equipo andaluz Soler encontró la continuidad que necesitaba, disputando todos los encuentros (menos uno) durante las dos temporadas siguientes.

Y tras esas dos excelentes campañas le llegó la oportunidad de jugar en el otro gigante del fútbol español. El Real Madrid, que venía de proclamarse campeón de Liga acabando por fin con la hegemonía del Barcelona de Cruyff, se reforzó de lo lindo para buscar la conquista de Europa, pero, muy al contrario, iba a vivir una temporada para olvidar, al término de la cual Soler tuvo que huir de la constelación de estrellas en la que se había convertido la casa blanca, ambiente en el que el catalán nunca llegó a cuajar.

Fue la temporada de Freddy Rincon, de Rambo Petkovic, del cese de Valdano, que había enamorado a todos el año anterior, y la llegada de Arsenio Iglesias al banquillo blanco. El Real Madrid fracasó en Europa, cayendo eliminado por la Juve, y fracasó en la Liga, donde sólo pudo ser sexto, lo que provocó que el verano siguiente hubiera una auténtica revolución en el vestuario.

Soler, que, no sin polémica, se había quedado sin equipo al terminar su único año de contrato, no encontró acomodo hasta el mercado de invierno, cuando el Zaragoza llamó a su puerta. Pero después de una primera media temporada en la que sí fue titular, en la segunda campaña sólo disputó la mitad de los encuentros, incapaz de ganarse la confianza de Luis Costa, lo que provocó que, una vez más, no se le renovara el contrato y tuviera que buscar nuevo destino. Y fue así como apareció el Mallorca.

Gran acierto mallorquinista

Con esas condiciones, con 32 años y después de salir rebotado del Real Madrid y del Zaragoza, parecía que, a pesar de la profesionalidad que había mostrado durante tantos años, Miquel Soler iba a llegar a la isla para vivir un tranquilo y dulce retiro del fútbol. Nada más lejos de la realidad. El catalán cumplió a las mal maravillas, viviendo cinco magníficas campañas que permitieron alargar su carrera hasta el verano de 2003, cuando se despidió venerado por la afición mallorquinsita.

Su llegada, como decíamos, fue con bastantes dudas. Porque el Mallorca necesitaba un recambio para Romero, uno de los mejores laterales zurdos de la historia del club, y no parecía que un jugador que ya estaba en la treintena, de vuelta de todo, y que no había sido titular en el Zaragoza fuera la solución. Sin embargo, Soler demostró estar en un momento de forma envidiable, posiblemente el mejor de su carrera, y desde el primer momento se hizo dueño del carril izquierdo con unas actuaciones sublimes, cumpliendo a la perfección en labores defensivas y sumándose al ataque con velocidad y mucha cabeza, lo que le permitía siempre sorprender al rival.

Su debut oficial con el equipo bermellón no puedo ser mejor. El 18 de agosto, en el Luis Sitjar, el Mallorca se imponía al Barcelona en el partido de ida de la Supercopa de Europa, título que conquistaría cuatro días después tras lograr también la victoria en el Camp Nou. Desde ese momento, Soler dejó claro que no había llegado a la isla de vacaciones, y que iba a dar mucho al equipo durante los años siguientes. Y vaya si lo hizo.

En esa primera campaña el Mallorca terminó tercero en Liga, después de ser líder durante varias jornadas, y el gerundense terminó disputando 33 partidos, todos como titular. Además, se brilló también en Europa, siendo finalmente subcampeón de la Supercopa, con Soler como uno de los hombres más importantes.

Durante las tres temporadas siguientes, en las que se alternaron grandes campañas, como el tercer puesto en la 2000-01, con otras más decepcionantes, como la 01-02, Soler continuó siendo incuestionable, disputando 32, 35 y 37 encuentros respectivamente, siempre a un buen nivel, dando la sensación de que los años no pasaban para él.

Hasta que llegamos al curso 2002-2003, el último en la dilatada carrera del nano. La llegada de Manzano al frente de la nave bermellona y la incorporación de Poli, el lateral zurdo del Mallorca durante las tres temporadas siguientes, dan con Miquel Soler, que entonces ya contaba con 37 años, en el banquillo, llegando a disputar apenas seis partidos como titular.

Eso sí, aquella campaña le sirvió al catalán para llevarse su tercera Copa del Rey particular, que vio desde el banquillo del Martínez Valero, y sobre todo para convertirse en el primer futbolista que llegaba a las 20 temporadas en Primera División, veinte años como profesional en los que lo ha dado todo por cada una de las camisetas que ha defendido.

¿Carrera como entrenador?

Tras lograr esa gesta, en el verano de 2003 Soler decidió, con 38 años, abandonar el fútbol en activo, aunque siguió residiendo en la isla. Y después de llevar a cabo varios negocios de restauración y ocio y de estar, más recientemente, como comentarista de los partidos de fútbol retransmitidos por IB3, le ha llegado la oportunidad para enrolarse de nuevo en el Mallorca después de que se le ofreciera hacerse cargo del Mallorca B en Tercera División, cargo que será la primera experiencia del nano en los banquillos.

Desde luego, si transmite la misma seriedad, dedicación y profesionalidad que mostró siempre como jugador le espera una larga trayectoria como técnico, y si puede ser en la isla, donde sigue siendo una persona respetada y admirada, mucho mejor.

Porque dos títulos, más de 150 partidos, participaciones brillantes tanto en Liga como en competición europea, y sobre todo un compromiso y una entrega con la camiseta bermellona ejemplares, máxime cuando había llegado al club ya con 33 años, dan para ganarse ese respeto de la afición, y mucho más.

Comentarios

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  1. Aleman Martin dice:

    Gran jugador y mejor persona. Suerte Miquel!

  2. SaRuMaN dice:

    Yo disfrutaba de ver a este pedazo de crack corriendo por la banda izquierda a sus 37 años, vino al Mallorca con la intención de dar sus últimos coletazos y al final acabo siendo uno de los mejores del equipo y un referente durante todos los año. Que estuvo en el Mallorca.

    Le deseo lo mejor con el filial.

  3. Xisco Ramis dice:

    ¡Jugador incombustible!
    Esperemos que como entrenador lo haga igual de bien y el filial logre la permanencia.
    ¡Suerte Nanu!

    Por cierto ¡Que malo era Poli!

  4. Toni Ramis dice:

    ¡Qué fenómeno! Si sale la mitad de bueno de técnico que lo que fue como jugador, el filial se salva fijo.

    Por cierto, Tolo, me ha encantado el primer párrafo.

  5. Dorys Pascual dice:

    Miquel,guapo ,que alegria me ha dado saber de tí Soy Dorys ex Svenson y se que llevas a los chavales del RCD . Te deseo muchos triunfos y mucha suerte .Siempre dije que llegarias lejos….Me acuerdo mucho de la época barca.Tu pelo sigue igual de xulo Abrazos Dorys

  6. Santiago dice:

    Recuetrdo su juego en un Jupiter-Olot, hace años de esto y me gusto con otro gran jugador que no recuerdo su nombre.

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