Leonardo BiaginiBiagini es uno de los delanteros más peculiares que han pasado por la historia del Mallorca. Llegó casi defenestrado del Atlético de Madrid, donde no cumplió con las enormes expectativas que había generado; pronto se convirtió en una estrella en el equipo bermellón y, en lugar de marcharse como hacen casi todos en nuestro club, continuó para ir deshinchándose año a año, hasta acabar saliendo rumbo a la Segunda División.

Sin embargo, es difícil encontrar en la isla alguien que tenga malas palabras sobre Leo. Y es que con su carácter y su entrega en el campo, el delantero argentino ha conseguido que siempre sea más recordado por sus acciones positivas que por las negativas. Y en cinco años en el club, dejó muchas de ambos colores.

Leonardo Ángel Biagini nació el 13 de abril de 1977 en Arroyo Seco, Santa Fe, una de las regiones más “italianas” de Argentina, como puede comprobarse en su cocina. Y fue en uno de los grandes equipos de la provincia, el Newell’s Old Boys, donde se formó y donde llamó la atención desde bien joven. No en vano, con sólo 16 años llegó a debutar con el primer equipo, convirtiéndose muy pronto en uno de los grandes ídolos de los leprosos.

Tras dos magníficas campañas le llegó su momento de oro en 1995, aquél en el que, posiblemente, se sustentó toda su carrera para mantenerse tantos años en la elite. Fue en Qatar, donde Argentina se proclamó campeona del mundo sub20 por segunda vez en su historia, 16 años después de la primera.

Además Biagini, que entonces contaba con 18 años, fue una de las piezas clave de aquella selección -en la que también estaban, entre otros, Ariel Ibagaza, Juan Pablo Sorín, Diego Crosa o Francisco Guerrero- anotando el primer tanto de la semifinal ante la España de Raúl, Etxeberría y De la Peña (en la que acabarían 0-3) y abriendo también el camino en la final ante Brasil, a la que se impondrían por 2-0.

Llegada a España

El magnífico mundial que se había marcado le valió a Biagini para fichar en el mismo verano por el Atlético de Madrid, donde llegó como una de las grandes promesas del fútbol mundial. Y en su primer año no le fue nada mal al argentino. Aunque no era titular, siempre fue el primer cambio ofensivo en el Atlético del doblete, llegando a participar en 28 partidos, y logrando cinco tantos.

Sin embargo, en la campaña siguiente, en la que se esperaba su explosión –más aún tras la marcha de Penev- el atacante argentino se quedó estancado. Jugó menos partidos, menos minutos, y sólo logró un gol. Por eso, en el verano del 97 se le buscó una salida en forma de cesión, y recaló en el Mérida, recién ascendido a Primera. Pero ahí tampoco terminó de mostrar todo lo que apuntaba, logrando únicamente un gol en toda la temporada.

De rebote al Mallorca

Tras esos pobres registros, el Atlético de Madrid no estaba dispuesto a que el delantero formara parte de una plantilla que acababa de vivir una completa remodelación. Entre todos los jugadores nuevos se encontraban dos ex mallorquinistas, Valerón y Óscar Mena, lo que provocó que varios futbolistas colchoneros fueran destinados a la isla para abaratar la operación. Entre ellos se encontraba Biagini, junto a Ivo y Paunovic.

Al Mallorca llegó por la puerta de atrás –incluso llamó más la atención el fichaje de Paunovic-, supuestamente para ser suplente de Dani y el Chupa López en la delantera, jugándose el ser la primera opción en los cambios de ataque con Carlitos. Sin embargo, a base de tesón y goles, acabó siendo titular, formando una formidable pareja con Dani en una de las campañas más recordadas de la historia mallorquinista.

En aquella 98-99, en la que Biagini debutó en la Supercopa de España, título que a la postre se llevaría el Mallorca, sustituyendo precisamente al Chupa López, anotó nada menos que once tantos en Liga, contribuyendo enormemente en el tercer puesto final logrado por el equipo.

Quizá su actuación más destacada fuera en la goleada por 6-1 al Athletic de Bilbao, partido en el que el argentino anotó tres tantos, y en el que Ibagaza dio su primer recital de muchos para los bermellones. También en Europa fue clave Biagini, al anotar el tanto que clasificaba al Mallorca para la final de la Recopa en las semifinales ante el Chelsea, final en la que el argentino saldría como titular.

Sin embargo, tal y como le sucediera en el Atlético, en su segunda campaña la calidad y capacidad goleadora del argentino se esfumó. Carlitos le arrebató la titularidad para acompañar a Diego Tristán, que ese año explotó, y la llegada de Samuel Eto’o en la segunda vuelta ya terminó de cerrarle las puertas. Eso, unido a los continuos problemas musculares, provocó que el argentino tan solo disputara ocho encuentros, cinco de ellos de titular, y lograra un tanto, más otro en la UEFA.

La temporada siguiente no fue mucho mejor. La pareja Luque y Eto’o se asentó como la titular, y el primer revulsivo siempre fue Carlitos, más capacitado para esa función, por lo que Biagini apenas contó con minutos. Trece partidos jugados, con cuatro sólo partiendo desde la alineación inicial y un gol fue su pobre bagaje.

En la temporada 2001-2002, la temporada de Champions del Mallorca, mucho se esperaba de Biagini. El equipo partía con la mentalidad de una plantilla corta, en la que los pocos integrantes pudieran ser siempre parte importante para todas las competiciones. Y Leo, en su función de delantero de refresco, tenía que ser pieza clave. Sin embargo, ni Krauss ni Kresic -habría que hacer un estudio sobre qué equipo ha tenido a dos entrenadores que empiecen por 'Kr'- confiaron en el argentino, que no tuvo más remedio que buscarse la vida en otro destino. Por eso, en diciembre se marchó cedido al Portsmouth, entonces en la Championship (la segunda división). Pero ahí tampoco le fueron mejor las cosas: disputó 8 encuentros y logró dos tantos, con lo que los ingleses desestimaron su contratación, y lo mandaron de vuelta a la isla.

Una temporada más iba a durar el bueno de Biagini en el Mallorca. Una temporada más en la que volvió a ser la tercera o la cuarta opción en ataque, por detrás de Pandiani, Eto'o, nuevamente Carlitos -siempre tan efectivo en su papel-, e incluso el Turu Flores. 102 minutos disputados, sin ver portería, aunque, eso sí, con una Copa del Rey que añadir a su palmarés.

Huída a Segunda

Después de ese nefasto gol se le acabó el contrato al argentino y, obviamente, no se le renovó. Tampoco, y eso es más sorprendente, tuvo ninguna oferta de Primera División -pese a que, aunque no había brillado en el Mallorca, demostró ser válido para ello-, así que a Biagini no le quedó otra opción que buscar una oportunidad en Segunda, en búsqueda de un ascenso que le devolviera a la elite.

El Rayo Vallecano, recién descendido, fue su primer destino. Ahí sí fue titular, compartiendo delantero con otro mítico, Bolo, y logró siete tantos, aunque la mala clasificación del equipo le obligó a buscar otra opción. Entonces apareció el Sporting de Gijón, donde el argentino continuó con sus regulares registros: en dos campañas, en las que nunca llegó a ser titular -también, todo sea dicho, debido a sus continuas lesiones- Biagini sólo logró trece goles, dejando al Sporting siempre en media tabla. Sin embargo, su buena predisposición y su entrega incuestionable dejaron un buen recuerdo en Gijón.

Su último intento para buscar el ascenso fue el Albacete, al que se enroló en la campaña 2006-2007. Tampoco ahí llegó a triunfar. Aunque se encontraba en una buena edad para ello -29 años- la irregularidad, la falta de confianza, y las continuas molestias musculares provocaron que ni siquiera en el Carlos Belmonte se sintiera un jugador importante. Así que tras una campaña nefasta, decidió regresar a su país, fichando por el Arsenal de Sarandí. Ahí Leo volvió a sentirse futbolista, proclamándose campeón de la Copa Sudamericana, y aportando tres goles en ello.

Aquél título sirvió de broche de oro para Biagini, que decidió colgar las botas a los 30 años, una edad prematura para un futbolista que apuntaba a estrella mundial y se quedó por el camino, como tantos otros. Sin embargo, decidió destinar su experiencia a la enseñanza, dedicándose a la labor de intermediario para mostrar a las nuevas estrellas argentinas, como él mismo dice, que “no todo el que es buen futbolista en Argentina lo será en España; para ello se necesita un aprendizaje”.

Eso es a lo que ahora se dedica Biagini, a instruir a futuras estrellas argentinas como él, un futbolista que llegó a España como apuesta de futuro, y que por unas razones u otras nunca fue capaz de mostrar todo el potencial que atesoraba. Sin embargo, como se deduce de sus propias palabras y de los que hablan de él, fue un delantero que dejó muy buen recuerdo en todos los equipos en los que estuvo.

En la isla, todos recordamos su primer año, sus once goles en Liga, su trabajo incansable y solidario para con el equipo y, sobre todo, aquél gol contra el Chelsea que valió para disputar la primera, y hasta el momento única, final europea del Mallorca. Las sombras que dejó el argentino fueron más que las luces, en una época en la que jugar en el Mallorca era muy complicado por la enorme calidad de sus plantillas. No hay que olvidar que siempre estuvo a la sombra de Eto’o, Tristán, Luque o Pandiani. Sin duda, a día de hoy la situación sería muy distinta para el argentino que, no obstante, ha logrado que su recuerdo sea siempre positivo. Su entrega y su carácter sin duda lo merecen.

Comentarios

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  1. Bermellon Martin dice:

    Recuerdo que fue lesionado en su mejor momento en el Mallorca en la temporada 1999-2000. Tras esta lesion Biagini no fue el mismo.

    Biagini me parece una buena persona. Conozco un poco a el de la stage en Kössen. Una persona simpatica.

  2. Toni Ramis dice:

    Un gran jugador en una gran época del mallorquinismo.

  3. SaRuMaN dice:

    Bermellon Martin, eres Aleman Martin?

    Biagini me gustó mucho cuando se encontraba en su mejor momento, a duras penas puedo recordar su estilo de juego y sus acciones más destacadas, pero si tengo un buen recuerdo de él.

    Bonito artículo, ¡enhorabuena RCDM!

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