Acabo de presenciar el enésimo estrepitoso partido del Mallorca; hoy, en casa, ante el Zaragoza. Dos puntos de veintisiete posibles. Dos de nueve vitales ante Celta, Rayo y Zaragoza; rivales directos por la permanencia. Y siento vergüenza, vergüenza de una plantilla y un entrenador incapaces de reconocer sus errores y luchar por superarlos.

Minuto 13, Nsue cae dentro del área. Y todas la miradas van hacia un solo hombre: Tomer Hemed. Loovens sale expulsado y toda la grada saborea los tres puntos. Pero algo pasa, nervios, un solo balón y dos jugadores. Discuten, se abrazan, y Víctor, quien ya marcó un penal contra el Barça, coloca el balón con confianza, da unos pasos atrás, y corre con energía hacia el punto fatídico; la coloca en el palo derecho del portero, por bajo, bien ajustada, y Roberto, pletórico durante todo el partido, la envía a córner.

Bueno, no pasa nada, piensan algunos; tienen uno menos, es cuestión de tiempo. Pero no. Aún lamentándose y confusos por la escena vivida en el área rival entre Víctor y Hemed, los aficionados veían como después de una falta no especialmente peligrosa, Geromel despejaba mal, el balón rebotaba en Nunes; y Postiga, ágil y listo, le amagaba el balón a Aouate y remataba forzado con gran acierto.

La grada, pobre, vacía, saboreaba la amargura. Pero era pronto. Gio entraba en el campo para cambiar las cosas, pero el damnificado era Ximo, jugador con gran progresión y peligro con centros al área, la que sería el arma principal del Mallorca durante el resto del encuentro. El gol no llegaba. Es más, los pases no llegaban. El rival había perdido un hombre, pero el Mallorca jugaba con un Márquez incapaz siquiera de adueñarse de los tiros libres, con un Pereira incapaz de driblar al rival, con un Alfaro incapaz de... bueno, con Alfaro; y con un Marc incapaz de sentenciar a portería vacía en los últimos minutos.

La grada por fin después de tantos partidos sin ganar despertaba y les exigía a los jugadores lo que les toca: que con uno más no parezca que jueguen con uno menos, que sean capaces de dar dos pases seguidos. Al final el equipo se ha crecido y Víctor ha enmendado su error transformando un centro desde la izquierda. Tarde. El empate se convertía en placebo para la grada, para los jugadores, y para un Caparrós que cuenta con todo el apoyo de la directiva.

"No conozco otra fórmula que no sea la entrega", dice Caparrós en rueda de prensa. Vaya pensando otra, míster, que ésta se ve que no sirve. Yo le presto otra, una vez más de Albert Einstein: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"

Comentarios

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  1. Xisco Ramis dice:

    Quería dar mi opinión sobre el penalti de Víctor:
    1. Prefiero que haya dos jugadores que quieran chutarlo a que ninguno quiera.
    2. Víctor lo falló, pero chutó francamente bien.
    3. No es seguro que Hemed lo hubiera marcado.
    4. A pesar de todo esto, lo lógico es que los chute Hemed. Víctor y Caparrós se equivocaron.

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