Captura de pantalla 2018-01-22 a les 15.47.35El ritmo del pulso indicaba que el día había llegado… Ayer vivimos sin duda los 3 puntos más bien trabajados de esta temporada. Ni dos goles que llegaron sin generación alguna por el rival pudieron contra un equipo que desde el primer minuto demostró quien manda en esta isla. Ayer dimos el paso al frente que tanto necesitábamos regalándonos una victoria que va más allá del significado de la propia palabra. Son Moix se vistió de gala tiñéndose de rojo. Las gradas desprendían un ambiente de primera división y la afición sentenció con más de once mil gritos de guerra que ni la segunda B nos puede parar.

Hacía demasiado tiempo que no vivía un partido tan intenso y, a la vez, tan emocionante. Un derbi en estado puro. Y lo mejor: ganarlo dominando durante todo el encuentro. La de ayer fue una victoria sufrida pero más por dos errores nuestros que por mérito del rival, que estuvo casi todo el partido especulando con un Fullana sin poder hacer nada más en el centro del campo. El Mallorca dejó claro cuál es su identidad y sacó ese juego que parecía que habíamos olvidado. ¿Qué mejor contexto y rival para, al fin, dar un golpe de moral y dejar lejos las dudas surgidas en las últimas jornadas?

El partido no solo se ganó en el verde, sino que también se ganó en las gradas. Más de 11.000 mallorquinistas dieron lecciones de lo que es un estadio que ha vivido la Champions. Incluso las dos tribunas se contagiaron de una grada Lluís Sitjar ejemplar. La afición es el pulso que da vida a un equipo de fútbol y ayer se volvió a demostrar porque llevamos este nombre histórico. Cuando más lo necesitábamos ahí estábamos para ser la voz que ayudó a empujar tres veces el balón a la red. Un balón que en la primera parte se negaba a entrar pero que, con la ayuda de todos cambió en la segunda mitad.

Después del día de ayer a ellos les tocará seguir deseando la segunda B y a nosotros nos tocará seguir descubriéndola pensando ya en el próximo rival. Unos seguirán hablando y otros seguiremos remando para mantener vivo el sueño que hace pintar de rojo y negro toda una isla. Por lo tanto, tenemos que continuar pidiendo que siga soplando el viento que un día dejó de estar a nuestro favor porque aprender a contraatacarlo ha sido lo que nos ha hecho más fuertes. Y ya no nos tiene que parar nadie.

Dejo de intentar de escribir todas las sensaciones y emociones que sentí ayer porque como escribía Mercè Rodoreda: “Escric. Escric i no arribo a poder comunicar la gran barreja de sensacions que voldria comunicar. Es el momento de sonreír y remar para seguir viviendo sensaciones y emociones indescriptibles. Nos lo merecemos. Ya lo contaran aquellos que les gusta (o gustaba) tanto hablar. Nosotros ya hablamos en el campo. Y lo mejor aún está por llegar.

Comentarios

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  1. Manu Mateo Cifre dice:

    BRA-VO! ⚫❤

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