‘’Ahora vete con cuidado, las ganas de volver te irán acompañando’’

Nunca pensó que tan pocas palabras pudieran doler tanto. Cerró la puerta con cuidado y se encaminó, maleta en mano, a la frontera de Acrollam.

No dejaba de darle vueltas a los motivos por los cuales se había llegado a esta situación. Él, un teniente siempre fiel a su patria, había sido desterrado por una serie de derrotas en diferentes batallas y, por el momento, su país ya no le necesitaba. Era la cabeza de turco. Sabía que pronto encontraría a alguien que le reclutara para sus filas, por su experiencia y sus dotes curtidos en miles de batallas. Sin embargo, sentía aquel paradisíaco lugar como su casa y, en esos momentos sólo quería averiguar cómo adelantar el tiempo, a fin de poder volver cuanto antes, cuando ya todo el mundo hubiera olvidado los motivos de su marcha.

Ahora le tocaba despedirse. No iba a alzar la voz contra ninguna de las decisiones tomadas, no iba a dar ningún portazo al salir. Ni siquiera pretendía discutir la decisión. Acatar y esperar. Iba con su forma de ser y su carácter.

Y llegó lo inevitable. En un mundo sumido en un constante vaivén de guerras, se produjo aquello que tantas pesadillas le había provocado. Añuroc, el país que le había acogido en su ejército, le había declarado la guerra a Acrollam.

Las batallas se fueron sucediendo y una endeble Acrollam se llevaba la peor parte, hasta el punto final de la guerra, en el que no les quedó otra que izar la bandera blanca. Desde aquella derrota, el país se sumió paulatinamente en la miseria y, a los dos años, tocó fondo. El abismo acechaba. Él, que sentía cada bomba letal como un puñal en su corazón no pudo soportarlo y, haciendo caso omiso a las peticiones de permanencia de Añuroc, abandonó las filas del ejército durante una temporada. Necesitaba paz, necesitaba que fueran otros los que tocaran a su puerta. Y se encerró a esperar acontecimientos.

‘’La ‘’próxima vez’’ ya dura demasiado. Yo guardo la fe, tú encuentra el milagro…’’

Y con estas palabras, desdibujó de su rostro la tristeza. Fernando Vázquez, volvía a ser el teniente del ejército de Acrollam, o Mallorca del revés, ahora que su situación había dado la vuelta. Una misión se le encomendaba: dejar atrás cuanto antes el abismo.

Quedan mil batallas por librar y sobre todo una guerra que ganar. A ti nos encomendamos, el futuro de Acrollam depende de ti.

Bienvenido a la que nunca dejó de ser tu casa, Fernando. Ojalá te canses de correr por las pistas de atletismo.

Comentarios

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  1. Xisco Vich dice:

    Artículo muy bonito Javi, nunca había leído algo similar en RCDM.

    Por otra parte, aprovecho para desearle mucha suerte a Fernando Vázquez.

  2. Lluís dice:

    Sublime, muy buen artículo

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