El Mallorca, en su cuarto año consecutivo en Segunda, junto a su afición, siguen lamentando su actual periplo penoso por la categoría de plata del fútbol español sin pisar plaza de play-off y con dos permanencias agónicas y otra, esperemos, en camino.

Seamos sinceros, razón tampoco falta. Después de años existosos en Primera División nadie esperaba esta debacle deportiva, al menos tan exagerada sin ni siquiera posibilidad de ilusionarse con volver a la élite. Pero, ¿es esa la realidad de nuestro Club? Obviamente por lo que hemos vivido, por nuestros sentimientos, siempre nos consideraremos un equipo de Primera - yo me incluyo -, siendo inconformistas hasta regresar a nuestro ¿lugar natural? Pero no, no lo es.

Existe una estadística favorable a los ideales bermellones: el Mallorca ocupa la decimoctava plaza en la clasificación histórica de la Primera División. Casi nada. Viéndolo así somos de Primera, pero hay que tener en cuenta la característica inherente de Primera División: es una categoría volátil en las perspectivas negativas, los equipos ascensores son muy característicos de ella y el Mallorca no ha sido menos, exceptuando el último gran logro de diecisiete temporadas consecutivas en la élite. Y sí, tenemos títulos de nuestros años de oro, pero y si nos olvidamos de las temporadas siguientes al último ascenso, ¿quiénes somos?

El Mallorca ha vivido 27 temporadas en la élite futbolística española, pero las restantes 73 ha peleado en categoría inferiores, especialmente Segunda División y Tercera. Si prácticamente el 75% de nuestra historia no ha sido en Primera, ¿no deberíamos autoexigirnos menos? Ahora es cuando valoramos la categoría de oro, donde pedíamos ir a Europa sin conformarnos con la permanencia. No, no nos debemos conformar con una permanencia en Segunda, tampoco. Pero y si nuestra plaza en el fútbol español es la lucha desde Segunda por ascender a Primera, siendo un equipo ascensor, de sube y baja, quien muchas veces no logra sus objetivos.

Queda claro que si miramos la media de nuestros 100 años de historia probablemente nuestra situación actual sea la más repetida, la típica, pero las mieles que hemos vivido nos lo ocultan, la memoria cortoplacista, la falta de vivencias en las penumbras.

Pero el fútbol no es estadística, la cual además está para romperla, el fútbol son sentimientos que nos obligan al menos a luchar por cotas mayores, pero cuando las logremos no olvidemos que son temporales, nuestros abuelos nos vieron poco en la élite.

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