Captura de pantalla 2018-04-16 a les 18.23.02Se huele, se palpa, se nota. El calor, el cambio de hora y las quinielas. Ya se acerca el momento que tanto estábamos esperando. El momento donde, por mucho que cueste de aceptar, nos jugamos todo lo ganado en estos últimos diez meses. Los diez meses más largos de nuestras vidas. Tanto para jugadores como aficionados. Pero, por fin, ya queda poco para que termine esta pesadilla: exactamente poco más de un mes. Poco más de un mes para que llegue el playoff que, ayer, terminamos de atar de forma matemática.

Una situación que antes de empezar la temporada hubiéramos firmado con los ojos cerrados y que, ahora, vista nuestra situación privilegiada durante toda la temporada, no queda otra que seguir con la ambición de agarrarse al liderato para poder subir por la vía “fácil”. Pero eso no significa que nuestra presencia matemática entre los cuatro primeros clasificados del grupo 3 no sea motivo de alegría (sino preguntémosle al Elche, Villareal B, Cornellá, Badalona o Lleida, entre “otros”). Es el primer paso hacia el objetivo y ha llegado a falta de cuatro partidos para terminar la competición regular. 

Un primer paso conseguido gracias a una plantilla seria e implicada que, indudablemente, ya deja notar algunos signos de cansancio. Unos signos de cansancio propios del “temporadón” marcado y que ayer no se pudieron disimular sobre el césped del Martínez Valero. Aún así (y terminando con nueve jugadores), pudimos sacar un punto de oro para seguir marcando nuestro camino. Por eso, hay que estar tranquilos y, sobretodo, más unidos que nunca.

Más unidos que nunca porque, hasta día de hoy, esa piña ha sido la clave de nuestras victorias y la fuerza para salir de nuestras (pocas) derrotas. Las críticas y el catastrofismo solo sirven para hacer crecer nervios que no conducen a ningún sitio. Solo hace falta quedarse con la imagen de ayer: los aficionados dejándose la voz desde la estratosfera del Martínez Valero aguantando unas temperaturas propias del infierno de la segunda B. Esta imagen debe de ser la lección perfecta para saber cómo afrontar lo que nos viene a partir de las próximas semanas: nosotros y ellos. Sin distancias que nos puedan separar. Juntos para hacer de este cansancio hambre de victoria. Hambre para poder cumplir un único sueño: el ansiado ascenso.

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