El Apunte: Es la hora

Sonaba la alarma por primera vez. Eran las siete de la mañana. Desde la inconsciencia producida aún por la decadencia de un sueño profundo intenté recordar qué hacía despierto un sábado a aquellas horas. Levanté la vista como pude. En aquel momento ya lo entendí todo. Ese color rojo que destacaba dentro de una maleta «trolley» de color negro de repente me inyectó una dosis de energía y me recordó que no era un fin de semana cualquiera. “Es la hora”, me dije a mi mismo cuando ya revisaba los billetes en la app «wallet» de mi «smartphone». Sin olvidar los apuntes de la universidad (4 horas de bus daban para mucho) salí a la calle para empezar una aventura que me sonaba de otras veces. Aún era de noche. Ese color rojo que me acompañaba contrastaba aún más con esa oscuridad esperanzadora. De repente, se me escapó una pequeña sonrisa pensando en que, tarde o temprano, uno siempre se acaba levantando. Ese pensamiento en ese mismo instante: nada parecía casualidad.

El Sol ya flotaba por las alturas de un cielo más brillante. No me cansaba de levantar la mirada y de ver que todo estaba perfectamente situado. Todo me recordaba a ti. Últimamente tu tampoco dejabas de salir para seguir volando alto. Y yo no me cansaba de despegar contigo. “Si estuve allí entre lágrimas, ¿cómo no estaré ahora perdido en este bucle constante de felicidad?”, me decía mientras llegaba a mi destino. “¡Por fin domingo! Es la hora”. Los nervios ya se hacían notar a primera hora de la mañana y crecían a la misma velocidad que el Sol se alineaba para marcar las doce horas. El resto de la historia ya la sabéis. Noventa minutos más para el recuerdo. Otra jornada más se repetía el mismo capítulo de esta historia tan dulce e inacabable. Eso sí, el cielo brillaba aún más que el día anterior para continuar guiándonos el camino que debíamos de seguir.

Y, como yo, son infinitas las personas que vibran constantemente por estos colores teniendo mil aventuras que contar. Son infinitos los momentos que hemos pasado buscando refugio detrás de este escudo que esconde un corazón que late con más fuerza cada vez que te ve jugar. Infinitas son las palabras que no salen para intentar explicar un sentimiento tan grande que se hace inexplicable. Infinitas eran esas lágrimas que parecía que un día salieron para no secarse. Infinita era esa búsqueda de oxígeno que no hacía más que condenarnos a dejar de respirar... Pero para volver a nacer era necesario morir. Y cada semana que pasa lo tengo más claro. Porque ahora, por fin, es la hora.

Es la hora de volver a despegar para volar alto. Es la hora de volver a recuperar esa sonrisa semanal que un día nos robaron. Es la hora de volver al equilibrio entre la prudencia y la paciencia. Es la hora de olvidar sin dejar de saber dónde estamos y de dónde venimos. Es la hora de reír, de flotar, de volver a descubrirnos, de renacer. Es la hora de volver a unirnos para seguir creciendo. Es la hora de saborear el momento y de no pensar en nada más que en este instante. Es la hora de gozar de una plantilla que está a la altura de su afición. Es la hora de llegar y seguir corriendo, de encontrar y seguir buscando, de despertar y seguir soñando. Es la hora de seguir latiendo junto a ti y por ti porque si ahora somos este presente es para, al final, volver a ser ese futuro que un pasado nos quitó. Es la hora de disfrutar de todo aquello que no pudimos estos últimos años. ¡Mallorquinistas, es la hora de vivirlo!

Comentarios

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  1. Joan dice:

    La verdad es que poder ir ilusionado al estado y salir de él en el mismo estado es una gozada. Además une a la afición, no hay crispación.

  2. Xisco Vich dice:

    El año que viene, ya en Segunda (espero) ñ, espero que esta temporada se guarde en mi memoria como una simple anécdota y una gran lección para el Club, para que les quede bien clarito de cómo se hacen bien las cosas y no volver a repetir los errores del pasado.

    Gran artículo,muy profundo.

  3. Xisco Ramis dice:

    Si al final logramos ascender, yo recordaré esta temporada con cariño, no como una anécdota o como una mancha negra.

    Estamos viendo y aprendiendo muchas cosas del fútbol modesto, que de otra manera aún ignoraríamos.

    Para mí ir a Peralada a ver jugar al Mallorca fue especial. No me imaginaba nunca que vería a mi equipo en un campo así, pero lo tengo como un grato recuerdo. Fue… digamos que curioso.

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