El Mallorca partía esta temporada como el todopoderoso equipo de la Liga Adelante. Era el Barcelona o el Madrid de la categoría. Una experiencia desconocida para éstos al estar acostumbrados, salvo excepciones, a ser el clásico equipo mediocre de media tabla que se salvaba con apuros.

La lógica, y también las estadísticas, nos dicen que el que más dinero posee tiene una gran ventaja para afrontar la temporada al poder disfrutar de una de las mejores, sino la mejor, plantillas de la categoría. Obviamente, a priori. Pero la gracia del fútbol, y el deporte en general, es que no siempre se cumple y esta temporada se dan muchos ejemplos. El Atlético Baleares en los últimos años tenía uno de los presupuestos más altos y no subió, este año en cambio con un presupuesto corriente va primero y cerca de asegurarse de disputar play-offs. En Primera División vemos como un Atlético aguerrido ve con alegría la posibilidad de romper el oligopolio de Barcelona y Madrid.

En la Liga Adelante, para nuestra desgracia, se sigue la tendencia de esta temporada y los dos equipos con mayor presupuesto: Mallorca y Zaragoza, el conjunto bermellón el primero con diferencia (22 millones), están más cerca de un calamitoso descenso a la división de bronce que de un cada vez más poco probable play-off. Peor está el ascenso directo, meta inicial por la cual existía una gran presión y que lleva varias jornadas alejada de cualquier opción real.

El dinero no da la felicidad. Tener una aparente gran plantilla no sirve de nada si estos jugadores no demuestran la valía y cualidades por las que se les fichó. Un profesional debe tener un interés en subir y luchar por el Club al que representa dejándose el alma en cada jugada. Cuando esto no ocurre y los bermellones arrastran su cuerpo por el césped sin ninguna voluntad ni inercia es imposible que un rival, por enorme que sea la diferencia de presupuesto, no te gane todas las disputas y por tanto, por simple empuje como ante la Ponferradina, se termine llevando los 3 puntos.

Algunos jugadores, y aquí también hay responsabilidad de la dirección deportiva por no traer jugadores que aceptarán la nueva situación del equipo, pretenden arrasar en estadios como El Toralín simplemente porque ellos pueden decir que han jugado varias veces en el Bernabéu contra el Madrid. En el Madrid se habló una época de Zidanes y Pavones. En nuestro caso se podría decir que nos irían mejor 11 guerreros que 11 fiesteros.

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