Cuento de Navidad

Captura de pantalla 2017-12-24 a les 20.39.18Era víspera de Navidad. El frío del reciente invierno contrastaba con el calor que desprendía cada hogar. Eran muchos los días que habían pasado desde la última vez y cada abrazo significaba algo más que un simple reencuentro. Había llegado de nuevo la época de comprar regalos, alargar comidas hasta la hora de cenar e intercambiar sonrisas con los más queridos. Todo el mundo estaba feliz. Todo el mundo menos él. Había decidido terminar el año de la única manera que sabía: solo y aislado de todo lo que pasara fuera. De todo. Incluso de aquello que más había querido en toda su vida y lo más parecido al familiar que nunca pudo tener. Habían pasado ya seis meses desde que tomó una de las decisiones más difíciles de su vida y seguía encaprichado en no volver jamás. Ya lo había dado todo por perdido y, si alguna cosa tenía clara, era que no quería morir junto a él. Cada vez que oía por la radio que aquello que había sido el motor de su vida había ganado no se dejaba de repetir en su cabeza que no eran más que paparruchas y que, al final, todo seguiría igual: el Real Mallorca hundido en la miseria y sentenciando una temporada más su muerte. Se autoconvenció que ya lo había dado todo por intentar ayudar a que no se apagara la luz de su equipo. Pero al final, decía, de nada había servido.

El que fue socio del Mallorca durante casi toda su vida vivía en una casa fría y lúgubre como él. Esa misma noche una cosa muy rara ocurrió. El reloj marcaba ya la media noche cuando un fantasma apareció en su habitación. Por un segundo dudó si eran sólo imaginaciones debido al cansancio de oler tanta felicidad por las calles. Pero, a veces, los sueños en Navidad se hacen realidad y las dudas se le borraron por completo: era “Dimonió”. Éste le advirtió que no estaba actuando como debía porque era ahora cuando el equipo más lo necesitaba y continuó explicándole que esa misma noche recibiría la visita de tres espíritus: el del Pasado, el del Presente y el del Futuro. El antiguo socio, desubicado, no dijo ni una palabra y, imantado por la indiferencia propia de su carácter se fue a dormir como si nada.

Aún no había conciliado el sueño cuando apareció el Fantasma de las Navidades Pasadas. El anciano se sorprendió de su figura andrógina y se preguntó qué edad podría tener. El Fantasma le sugirió que le acompañara a dar un paseo y el anciano aceptó ante tanta turbación. Sin darse cuenta se encontró junto al espectro en medio de un descampado. Era una noche gélida y oscura. Solo le acompañaba la luz que desprendía aquel ser tan extraño. El Fantasma de las Navidades Pasadas le preguntó si sabía dónde se encontraban y el antiguo socio mallorquinista le contestó que estaba perdiendo el tiempo haciendo esas preguntas tan superfluas. Sabía incluso cuáles eran las coordenadas exactas de aquel lugar. El lugar que en su día fue un gran teatro de sueños, el lugar dónde se hizo mayor, el lugar que se había convertido en la casa de muchos y que ahora solo cobraba vida en sus memorias. Efectivamente, se encontraban en lo que había sido el estadio Lluís Sitjar, conocido también como Es Fortí. Juntos empezaron a caminar sobre la húmeda hierba y, sin más dilación, el espectro le empezó a recordar a base de imágenes todos los momentos que vivió allí desde que era ya muy pequeño. De hecho, le dio la sensación que el estadio había vuelto a cobrar vida. Aquel sitio le vio crecer al igual que él vio también crecer a un club centenario. No pudo contener la emoción cuando recordó las conversaciones con su padre en una grada ahora tan real como imaginaria, esa temporada 59/60 vibrando con la euforia de conseguir el primer ascenso a primera división o vivir de nuevo la celebración del primer gol de Joan Forteza en la élite del fútbol español con un estadio lleno a reventar. Eran muchos recuerdos, demasiados nombres emblemáticos e infinitas historias por revivir. Y eso que aún no se habían desplazado hacia el último lugar de aquel pequeño viaje. De repente se encontraban en el museo ubicado en el actual estadio de Son Moix, justo delante de uno de los mayores logros de la historia del club: la Copa del Rey de Elche 2003. El Fantasma de las Navidades Pasadas le preguntó si se acordaba aún de aquel caluroso día que hacía en Elche y afirmó que, por fin, se había hecho justicia con aquella derrota tan injusta en la tanda de penaltis contra el Barcelona en el estadio de Mestalla. El anciano sonrió nostálgico y se dijo a si mismo que, al menos, siempre habíamos sido moralmente campeones. Habían sido unos años de oro para el Mallorca. De repente, cansado de tanto rebobinar por el pasado se quejó con gran furia y le recriminó al Fantasma volver a casa. La noche no había hecho nada más que empezar.

Ya había vuelto a la cama cuando alguien con un aspecto gigante y alegre apareció sentado en la silla de la habitación del ex socio mallorquinista. No paraba de reírse. Su ambiente alegre era muy contagioso. Aún así, nuestro protagonista no tenía ganas de reír, como de costumbre. Incluso le dio la espalda e intentó dormir. Pero de nada le sirvió. El segundo espectro lo levantó de la cama y sin darse cuenta ya se encontraban fuera preparados para el segundo viaje. Era el Fantasma de las Navidades Presentes. Estaban sentados en la grada de Son Moix, en el que había sido su asiento de socio durante casi más de 15 años. Este campo también lo había visto todo: desde oler la Champions League hasta ver como el equipo perdía la categoría dos veces. De repente, el segundo espectro le sacó la clasificación actual del grupo IV de la segunda división B y una recopilación de noticias que hablaban sobre la gran temporada que estaba haciendo el equipo. El anciano se sorprendió. No había estado muy pendiente de la situación deportiva, sólo de aquello que oía por las noticias o conversaciones pasajeras que escuchaba sin querer en el bar. Se sorprendió tanto que llegó a pensar que lo estaba engañando. Después de tantas desgracias nunca se hubiera imaginado tal situación: un Real Mallorca invicto y un estadio digno de primera división. Incluso el césped era de otra generación. Notó que las cosas habían dado un giro de 180 grados y sintió por dentro como le crecía el hambre de volver. Intentó no dar importancia a aquella sensación cuando de repente se vio que se encontraban en una casa que transmitía un ambiente familiar muy festivo. Reconoció enseguida a sus vecinos de asiento. Otros sufridores más como lo había sido él. El tema central de su conversación era la gran primera vuelta del Mallorca y brindaban porque el 2018, definitivamente, fuera el año para empezar a volver ¡Como habían cambiado las cosas! La ilusión volvía a reinar en la isla y las comidas familiares centraban la atención en la magnífica temporada que vivía el equipo bermellón. Justo antes de regresar el Fantasma de las Navidades Presentes le advirtió que la ignorancia no le llevaría ni a él ni al equipo por buen camino. Era precisamente todo lo contrario lo que haría posible convertir esa nueva ilusión que empezaba a nacer en éxitos futuros. Su apoyo era trascendental para seguir con la nueva dinámica y poder volver a tocar el cielo. Nuestro protagonista se quedó mudo intentando analizar todo el discurso que le había soltado. Algo se le removió en las entrañas.

Ya estaba de nuevo en casa cuando el segundo Fantasma desapareció. Todo estaba muy oscuro y el anciano notaba que algo estaba cambiando en sus pensamientos. Esta vez se asustó mucho al ver la silueta del tercer y último de los fantasmas que “Dimonió” le advirtió que acudirían a visitarle. Llevaba una túnica negra y no se podía ver su rostro. Parecía que se trataba de su propia sombra. Esta vez el espectro se limitó solo a decir que era el Fantasma de las Navidades Futuras. No soltó ni una palabra más en toda la noche. Simplemente se limitó a acompañar al ex socio a dar un paseo por su barrio. Los latidos del anciano marcaban el ritmo de su caminata. Estaba muy nervioso y le costaba mover las manos debido al frío. Dejándose llevar por sus propios nervios empezó a observar con repentino asombro que habían desaparecido muchas de las banderas con el escudo del Mallorca que ostentaban en los balcones de su zona residencial. Algo raro estaba pasando. Más raro fue aun cuando vio que la tienda oficial del club de la plaza de Cort era ahora una funeraria. Aterrorizado por su desconcierto preguntó al tercer espectro qué estaba pasando. Éste extendió con su mano lo que parecía una portada de un periódico en blanco y negro. Nunca antes había tardado tanto en terminar de leer un titular. Después de casi dos minutos paralizado, más que por el frío, por su propia sorpresa, asimiló lo que justo acababa de leer: “Se cumple un año de la desaparición del Real Mallorca”. El Mallorca había muerto. El anciano empezó a llorar desconsolado y le suplicó al espíritu que cambiaría de actitud y que lo seguiría dando todo por los colores que a lo largo de su vida le acompañaron.

Empapado de sudor el protagonista de esta historia se levantó de la cama dándose cuenta que todo había sido un sueño. Era la mañana de Navidad y los rayos de sol ya se filtraban por la ventana.  Ya tenía claro cuál sería su regalo de fiestas. Nunca antes había deseado tanto poder renovar su carnet de abonado. Ahora, por fin, se había autoconvencido que el 2018 sería un año teñido de rojo y negro."

Aún estás a tiempo. Hazte socio.

¡Feliz Navidad, mallorquinistas! A los que han estado, a los que están y a los todavía pueden estar.

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