Afición Formentera RCD Mallorca"Riiiiiiiiiing", suena el despertador, aunque ya estaba despierto por mí mismo desde hacía 15 minutos. Ese reloj biológico que sale a relucir cuando tu mente sabe que tienes una gran cita: un examen, una operación, una boda o, como en este caso, un desplazamiento del RCD Mallorca.

En esta ocasión el viaje permanece en la zona balear, lo que tiene la Segunda B, toca desplazarse a Formentera, la pitiusa menor. La mochila ya había sido rellenada previamente, para poder apurar las horas de sueño, con bufanda, bandera, sudadera, chubasquero - sí, cubrirse del agua para ir a Formentera, donde solo llueven 200 litros al año-, cargador portátil - la dependencia tecnológica asoma- y dos bocadillos para coger fuerzas; para los curiosos, uno de sobrasada y de jamón y queso el otro.

Me encuentro con un amigo y cogemos taxi, el aparcamiento en la zona del puerto de Palma es nefasto. Llegados al destino rápidamente vislumbramos gente a raudales ataviada con vestimenta bermellona, aunque estuvieras dormido, algunos directamente de resaca, te recordaban por qué estabas ahí: jugaba tu equipo fuera de casa y escogiste ir con él y animarlo.

Al poco tiempo subimos al barco, todo ello sin pasar control de seguridad alguno más allá de comprobar que tenías el billete correspondiente. En tiempos de un terrorismo en auge, allí cualquiera podía meter lo que fuera y nadie se enteraba. Ubicados ya en nuestras butacas, nos reunimos con otros tres compañeros. En teoría habían cambiado el ferry lento (4 horas de viaje) por el rápido (2 horas de trayecto), por lo que a las 10 debíamos estar en Ibiza. Con un buen rato por delante empezamos a charlar, de temas muy variopintos, al igual que el resto del pasaje; los cánticos, a excepción de algunos por parte de Supporters, debían esperar. Sobre las 9:30 el reloj biológico volvía a hablar: "quiero comer" decía tras varias horas ya despierto. Cuando yo extraía feliz de mi mochila uno de los bocadillos, uno de mis compañeros sobresalió de mala manera: de papel de periódico sacó botifarrons y sobrasada, junto a un paquete de quelitas; se coronó como el rey de las meriendas en ese trayecto de Balearia.

Eran las 10:30 y aún no habíamos llegado, empezaron a no cuadrar los tiempos. Era cuestión enterarnos del primer percance: se había roto un motor del barco, teníamos que seguir a menor velocidad con solo uno. Tras las falsas ilusiones de un viaje veloz, el resto del trayecto se hizo largo, pero finalmente vislumbramos las murallas de Ibiza, ya estábamos ahí. Ahora tocaba coger rápido bus hacia el puerto del ferry hacia Formentera, para embarcar de nuevo desde ahí. Aunque el trayecto debía ser de 30 minutos, éste se extendió a prácticamente una hora, quizás porque ese barco no estaba acostumbrado a llevar a tanta gente. Con vistas privilegiadas desde la terraza, mientras escuchábamos un reguero de cánticos mallorquinistas, nos llegó la noticia de que con el billete entraba una consumición gratis. Gratis, esa palabra que al oírla provoca una avalancha hacia donde sea. Allí fuimos. Poco después ya alcanzamos a ver una planicie con aguas celestes llamada Formentera, destino avistado. Nada más bajar del barco, autobús hacia la capital donde se llegaba en 5 minutos.

Ibiza RCD Mallorca

La verdad es que Formentera goza de unas playas excelentes pero Sant Francesc Xavier, y más a estas alturas de la temporada turística, tiene poco o nada que visitar, además de haber cerrado ya varios establecimientos. Por ello optamos ir a comer, con miedo a los precios que pudiera haber y pocas opciones de elección al estar muchas cerradas o ocupadas por una mezcla de lugareños, turistas y mallorquinistas. Entramos a un restaurante de precios aceptables, pero a posteriori cantidades escasas; algunos tuvimos que hacer luego un "pit stop" en el Eroski. Con mejores sensaciones en el estómago callejeamos un poco  y ya era hora de dirigirse hacia el estadio.

Ahí estábamos, en el Municipal de Formentera con sus gradas supletorias. Ahora sí era nuestro momento, empezaban los cánticos y la animación. Tras una acumulación en la entrada por la lentitud en los cacheos iniciales, procedimos a introducirnos en el estadio. El club local tuvo el detalle de colocarnos en una Tribuna y no en el fondo, como suele ser habitual. Fue de agradecer. El ejército mallorquinista había conseguido más alistamientos, a los 310 del viaje organizado se unían los que se habían desplazado por su cuenta, para alcanzar la cifra de 500 rojillos.

Afición RCD Mallorca Formentera

Todos juntos, ya desde el calentamiento, empezamos a animar a los nuestros liderados por la peña Supporters Mallorca. Con dedicatorias especiales a jugadores como Manolo Reina, Lago Junior o Abdón Prats, los cánticos más repetidos fueron los genéricos dirigidos al conjunto en general, especialmente los habituales "Volverán a ondear las banderas", "el Mallorca es un sentimiento, "Mallorca, Mallorca", etc.

Sobre el partido no me voy a extender, las crónicas están ahí para quien las quiera. Aunque tras el error de Abdón al inicio del partido parecía que en cualquier momento el encuentro seguiría el patrón de los últimos como visitante, no fue así. Un Mallorca sin profundidad no dominó y el 1-0 supuso un duro varapalo tras una primera parte donde ya se vio que el Mallorca no tenía su mejor día. Por suerte, a través de Álex López se reaccionó rápido, instalando la locura en las gradas que creyeron con una fe inhumana en la remontada. Pero no pudo ser, a pesar de que varias ocasiones de Alex López provocaron un "uyyyy" en las gradas, el marcador no se movió. La felicidad desbordaba en los aficionados del Formentera. Empate justo y pequeño tropiezo para el Mallorca, aún así la afición no dudó en reconocer el trabajo de los suyos con aplausos al terminar el encuentro, más por la trayectoria de esta temporada que por el partido en sí. Hay que admitir que durante el encuentro en voz baja escuché críticas a Fran Grima, Damià o Cedric, aunque es verdad que en el encuentro no destacó nadie en exceso.

Emprendiendo el viaje a la inversa éste no sería tan fácil: el mar es traicionero y se movía con ganas, con el cansancio encima y la decepción del empate, solo le faltaba al mallorquinismo un viaje incómodo. Y lo fue, con ganas. Ambas embarcaciones se parecían por momentos al barco Vikingo de la feria del Ram, y aunque por suerte no soy propenso al mareo, me compadecía de otros que sí padecen ese mal y tenían sudores fríos o directamente vaciaban la comida, merienda o cena; aunque esta última pocos se atrevieron a tomarla con tanto movimiento.

Durante el camino de vuelta me atrevería a decir, tras escuchar diversas opiniones, que al mallorquinismo no le fastidiaba el empate en sí. Todos sabemos que el Mallorca no es imbatible y tiene que pinchar, siendo más propensos los partidos como visitante. El hecho que a los bermellones les causaba apuro era, frase tan repetida en diferentes modalidades, que "justamente tenemos que empatar hoy que nos desplazamos tantos y pasamos horas y horas de barco". El dolor era por pegarse un viajazo y no volver con los 3 puntos, cosa que había sucedido siempre excepto ante el Baleares, justamente donde también estuve (¿seré yo el gafe o serán los equipos baleares?).

Lo peor, solo en mi caso personal, aún estaba por llegar. Justo desembarcar en Palma tenía que volver a coger taxi tras despedirme de mis compañeros de viaje, sin pensarlo cogí el primero libre. Justo al entrar me percaté del error: "Has triat mal taxi, jo sóc balearico". "Ja l'hem feta, lo que em faltava" pensé yo. Por suerte, rápidamente me dijo que no era antimallorquinista, por lo que la conversación fue tensa pero pacífica. Repasamos el pasado, presente y futuro de ambos equipos, dimos nuestros puntos de vista sobre el grupo III de Segunda B y los favoritos al ascenso (admitió que somos nosotros), hablamos sobre la política en el fútbol e incluso hubo tiempo para vacilarle como cuando le dije que el reportaje de sus 75 años que daban al día siguiente no podía durar más de 5 minutos por lo poco que se podía contar.

afición rcd mallorca

Llegué a casa y prácticamente quedé dormido de forma instantánea como consecuencia de un día largo e intenso. Como todos los desplazamientos fue inolvidable, pero con la espinita de no haber vuelto con tres puntos bajo el brazo, aunque más orgulloso que nunca de una afición que mueve a 500 aficionados para un partido de Segunda B.

 

 

 

 

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