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Foto: José Raúl González, fotógrafo de FutbolMallorca.com

Suena la música en mis auriculares. Carretera, frío, más líderes y una frase de Love Of Lesbian que no deja de repetirse en mi interior: “Confesaré, ha vuelto aquella fiebre de siempre”.

Nota: escribo todas estas líneas un domingo no cualquiera. Es 12 de noviembre de 2017. Son exactamente las 16:06 horas.

Resulta difícil asimilar todo lo que me pasa ahora mismo por la cabeza. Las imágenes de esta mañana no dejan de recorrer por mi mente a ritmo del ruido del autobús de vuelta hacia Barcelona. Pero estoy tranquilo, aún queda día por delante para poder aceptar la cruda realidad y seguir respirando una fruición poco vivida durante estos últimos años. Pero no es fácil. No es fácil porque lo que está haciendo este MALLORCA (sí, en mayúsculas) es de ciencia ficción.

Vamos a poner orden a todo esto para poder asimilarlo.

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El Apunte: La actitud

Captura de pantalla 2017-11-03 a les 18.43.3630 de 36. Esta es la realidad. Pese a quien le pese este inicio de temporada del RCD Mallorca es indescriptible. Cualquier calificativo que intente explicar algo de esta realidad se queda corto. Sobran palabras. Y también números. Las cifras están ahí y nadie puede hacer la contraria a algo tan objetivo como lo son los propios números. Después de pasar el ecuador de la primera vuelta y ver como cada equipo ha empezado a marcar su propio camino está claro que no somos líderes (a 6 puntos del segundo, cabe precisar) por casualidad. Este equipo ilusiona. Y no solo por este inicio de temporada que ha hecho devolver aquel feedback entre club y afición perdido en la memoria de muchos, sino por la actitud de cada jugador, tanto los que tienen el privilegio de representarnos desde el verde como los que esperan a que llegue su oportunidad.

La actitud. Es algo sobre lo que me gustaría recalcar hoy pero que ya tuve ganas de hablar después del partido en Formentera. Esa sensación de rabia y de derrota después de un empate (si no se gana que, al menos, se puntúe) dice mucho de este equipo y ayuda a argumentar el por qué estamos ubicados en esta posición tan privilegiada. El conjunto de Vicente Moreno sabe a lo que va y lo que se juegan en cada partido. No solo en nombre de la entidad, sino también a título personal. Sinceramente creo que esto hacía años que no se veía y, para mí, ha sido una de las claves para volver a emprender el camino hacia donde nos merecemos estar y borrar ese oscuro pasado tan reciente. El camino con ese final tan soñado para dejar aún más atrás esos malditos recuerdos.

Cada victoria parecía haber pintado una capa de alegría que escondía la realidad de lo que es la segunda división B y, especialmente, este infierno de grupo III. Con estos dos empates seguidos hemos podido despertar para ver con perspectiva lo que cuesta ganar en la categoría de bronce. Si bien es verdad que parece que estos tres últimos partidos el equipo ha bajado un poco de nivel no se le puede reprochar nada en actitud. Sea el tipo de césped que sea las ganas de ir a por el balón, la solidaridad y la solidez de este equipo son el apunte a destacar jornada tras jornada. Y eso, al final, da victorias. Solo hace falta pegar un vistazo a la clasificación.

Valencia-Mestalla, Lleida y Elche. Ahora es el momento clave para no bajar los brazos y seguir apostando por hacer crecer aún más este carácter ganador. Son tres partidos muy complicados con los que, si sacamos buenos resultados, podremos seguir volando aún más alto. Por eso, ahora más que nunca, toca seguir manteniendo una de nuestras mejores bazas como equipo, la actitud. Una actitud que ayuda a que cada vez que vemos saltar a los jugadores al campo nuestro corazón lata bajo nuestra camisa roja con una fuerza que el propio mundo mallorquinista parecía desconocer estos últimos años.

El apunte: Esa embriaguez por ser domingo

  • 23 de octubre de 2017
  • Escrito por Jordi Cifre
  • El Apunte

IMG_1912-2Vuelve a ser domingo. El Mallorca juega en casa. La sensación, de nuevo, es que estas dos semanas han pasado más lentas que todas las últimas 6 temporadas. Todo forma parte de un mismo círculo: las ganas, la motivación y la unión son, a la vez, causa y consecuencia de las propias victorias. El círculo cada vez se hace más grande. Tan grande que hace nublar todas esas críticas de un pasado para dejar pasar únicamente unos rayos de esperanza que hacía años que no sentíamos. Rayos de alegría para volver a iluminar unas coordenadas muy concretas. Para volver a iluminar nuestra casa, Son Moix. Y así es. Cogemos el coche, unos con el cansancio por haber salido el día antes para celebrar algo que estaba por venir y, otros, aún con aquella sensación de nervios en el estómago que sentían antes de irse a dormir por saber que, por fin, esa embriaguez por ser domingo se haría realidad.

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El Apunte: Es la hora

  • 17 de octubre de 2017
  • Escrito por Jordi Cifre
  • El Apunte

Sonaba la alarma por primera vez. Eran las siete de la mañana. Desde la inconsciencia producida aún por la decadencia de un sueño profundo intenté recordar qué hacía despierto un sábado a aquellas horas. Levanté la vista como pude. En aquel momento ya lo entendí todo. Ese color rojo que destacaba dentro de una maleta «trolley» de color negro de repente me inyectó una dosis de energía y me recordó que no era un fin de semana cualquiera. “Es la hora”, me dije a mi mismo cuando ya revisaba los billetes en la app «wallet» de mi «smartphone». Sin olvidar los apuntes de la universidad (4 horas de bus daban para mucho) salí a la calle para empezar una aventura que me sonaba de otras veces. Aún era de noche. Ese color rojo que me acompañaba contrastaba aún más con esa oscuridad esperanzadora. De repente, se me escapó una pequeña sonrisa pensando en que, tarde o temprano, uno siempre se acaba levantando. Ese pensamiento en ese mismo instante: nada parecía casualidad.

El Sol ya flotaba por las alturas de un cielo más brillante. No me cansaba de levantar la mirada y de ver que todo estaba perfectamente situado. Todo me recordaba a ti. Últimamente tu tampoco dejabas de salir para seguir volando alto. Y yo no me cansaba de despegar contigo. “Si estuve allí entre lágrimas, ¿cómo no estaré ahora perdido en este bucle constante de felicidad?”, me decía mientras llegaba a mi destino. “¡Por fin domingo! Es la hora”. Los nervios ya se hacían notar a primera hora de la mañana y crecían a la misma velocidad que el Sol se alineaba para marcar las doce horas. El resto de la historia ya la sabéis. Noventa minutos más para el recuerdo. Otra jornada más se repetía el mismo capítulo de esta historia tan dulce e inacabable. Eso sí, el cielo brillaba aún más que el día anterior para continuar guiándonos el camino que debíamos de seguir. Lea el resto de la entrada »


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